Trótula de Salerno

Al comenzar la Alta Edad Media, el ejercicio de la profesión médica, permanece prohibido para la mujer -y así seguirá, salvo aisladas ocasiones, hasta el siglo XIV-, pero por el contrario, la práctica de la obstetricia y los cuidados al niño en sus primeros meses, los encontramos ya, casi exclusivamente, en manos femeninas.
En aquellos contados casos en los que la mujer ejerce la medicina, lo realiza ya por su condición de miembro de una orden monástica, o por la circunstancia de ser esposa o hija de un famoso médico.
Una de las más importantes excepciones, que permitirá a la mujer acceder a la titularidad médica sin limitaciones, la va a propiciar una célebre escuela de medicina: La Escuela Médica de Salerno.
Se construye ésta en las proximidades del más famoso monasterio de la Edad Media: el monasterio benedictino de Monte Casino. Pero afortunadamente, la cercanía del monasterio -la gran fundación de San Benito, germen de la cultura europea- va a influir, muy positivamente, en el enfoque científico de la Escuela de Medicina, sin condicionarlo por aspectos religiosos.
Salerno será pues la primera escuela médica no regida por religiosos que "desempeñó un papel crucial en la transición de la medicina monástica a la laica"(P.Donahue, 1985).
Salerno, situado en las proximidades de Nápoles, cerca del golfo de Paestrum, era ya en el siglo II, uno de los más famosos balnearios del Imperio Romano. Después de la caída de éste, hacia el siglo VIII, los intelectuales del mundo grecolatino emigran al sur de Italia y más concretamente a Salerno, aportando los saberes del mundo culto conocido.
La fundación de la Escuela permanece, como muchas de las cosas que suceden en la Edad Media, a caballo entre la historia y la leyenda, pero el hecho es que ello es posible, así se cuenta, gracias a la colaboración de cuatro médicos: un griego, un latino, un hebreo y un árabe. Con la figura de estos cuatro médicos se quiere, sin duda alguna, simbolizar la unión en la Escuela de Salerno de las culturas griega, romana, judía y árabe.
Salerno se convierte rápidamente, en el gran centro de conocimientos medicos de la Edad Media, y aunque después de sufrir el saqueo, en 1194, por Enrique IV, comienza a declinar, seguirá, no obstante, brindando enseñanza médica, hasta que en 1811, sea definitivamente abolida por el general Murat.
La Escuela de Salerno va a brindar a la mujer con vocación médica dos importantes oportunidades.:
- Ser el primer centro que permite el libre acceso de la mujer a la formación médica y a su titulación.
- No limitar su campo de acción a las enfermedades de la mujer y el cuidado de los lactantes, sino ampliarla al ejercicio de la medicina general.
En un Salerno abierto a la vocación médica femenina, pronto surgirán los nombres de cinco mujeres expertas en el arte de curar: Trótula, Salernitana, Constanza y Calenda, alemanas, Rebeca Guarna, judía y Abella, musulmana, que simbolizan así, cómo en la fundación de Salerno se conjugaron los saberes de judíos, árabes y cristianos.
Salvo en el caso de Trótula, pocas noticias nos han llegado del resto de estas mujeres pioneras de la Medicina. De Rebeca Guarda sabemos que escribió un tratado sobre la orina y la fiebres, y de Abella, la musulmana, únicamente el título de su libro De artrabile et de natura seminis humani.
De todas ellas destacará Trótula, que ocupa un lugar destacado en la historia de la Escuela de Salerno y muy concretamente en el campo de la Ginecología y Obstericia. Trotula de Ruggiero (1110-1160) era esposa, según algunos historiadores, de uno de los fundadores de la Escuela de Salerno, llamado Johannes Platearius, y autora del más célebre tratado de Obstetricia y Ginecología de la Edad Media: De Pasionibus mulierum curandorum ante, in, post partum.
La obra se imprime, por vez primera, en Estrasburgo el año 1554 y en esta edición el texto aparece dividido en sesenta capítulos en los que Trotula diserta sobre las diversas técnicas quirúrgicas, preconiza realizar una eficaz protección perineal, aconsejando practicar las oportunas suturas en el caso de producirse desgarros del perineo en el transcurso del parto. No olvida tampoco a los lactantes dando normas respecto al cuidado del niño en sus primeros meses de vida
Otras de las obras que se atributen a Trótula lleven por títulos: De Aegritudium curatione o de Ornatu mulierum. En este último título Trótula recomienda a las mujeres de su época cuidar de la higiene diaria, ejercicio físico regular, masajes con aceites y una dieta equilibrada y saludable. Y completa estas recomendaciones con unas simples y curiosas recetas de cosmética femenina:
- Una crema para eliminar las arrugas, la fórmula de un lápiz de labios en la que utiliza la miel, el jugo de remolachas, la calabaza y agua de rosas.
- Para conservar sana y blanca la dentadura recomienda limpiarlos con una infusión caliente de corteza de nogal.
- Y como iba a olvidarse de los cuidados del cabello. Trótula dará opción a las damas salernitanas a lucir una deslumbrante cabellera rubio platino o un discreto color castaño.
La fórmula para abrillantar ambas, la tomamos de Schipperges (1975):
“Calentar abejas en un recipiente de metal y triturarlas con un aceite hasta convertirlas en una pomada brillante muy apreciada”
Las enseñanzas ginecológicas de Trótula de Salerno serán seguidas durante muchos años por la medicina de toda Europa, convirtiéndola en la mujer de mayor prestigio de la Obstetricia y Ginecología de la Edad Media.














