A lo largo de la historia, el papel de la mujer ha estado orientado a las labores del hogar y del cuidado de la familia. No se ha tenido muy en cuenta el desarrollo que podía llevar a cabo en otros ámbitos, y más específicamente, en el de la ciencia, donde se ha encontrado con numerosos obstáculos que ha tenido que ir superando para que su trabajo sea reconocido; de tal manera, que algún día pudiese llegar al mismo nivel profesional que el hombre. Por lo tanto, se puede hablar de una discriminación prácticamente tangible, aunque hoy en día nos parezca más sutil, e incluso disfrazada.
Esta barrera o filtro con la que se encuentran las mujeres a la hora de intentar llegar a determinados puestos profesionales, se puede constatar muy bien en determinadas estadísticas que apuntan a lo siguiente: si los cargos unipersonales se establecen por elección, el porcentaje de mujeres que acceden desciende considerablemente a 17,8%; ya que se le plantean más barreras o resistencias que al hombre. Sin embargo, si los cargos son por designación, mediante alguna prueba objetiva, el porcentaje asciende a 28,9%, por lo que aumenta la presencia de la mujer.
Al valorar estos datos podemos comprobar que las mujeres no aluden las responsabilidades académicas, como siempre se ha pensado (y de esta manera justificar la escasa presencia del género femenino en determinados cargos profesionales o académicos); sino que, se le plantean diversas barreras que, en ocasiones, entorpecen sus objetivos.
Gracias a estudios y a diversos datos como estos se puede tener una imagen más precisa de la situación para poder afrontarla. Bien es cierto, que esta está evolucionando, aunque los estudios indiquen que aquellas mujeres que permanecen en la ciencia deciden afrontar la discriminación, con empleos más precarios y con subvenciones inferiores a las del género masculino.
Pero hay que tener también en cuenta las medidas que se están llevando a cabo para que esto cambie:
Por un lado, la reconsideración del papel de las mujeres en la ciencia, se está plasmando en la reescritura de la historia para recuperar las aportaciones en el ámbito científico de muchas de ellas, que pese a haber dado lugar a grandes avances, han sido silenciadas en los libros y documentos tradicionales. De esta manera, se consigue tener modelos femeninos de referencia históricos, cuestión muy importante. Un ejemplo lo encontramos en la figura de Rosalind Franklin, olvidada y posteriormente recuperada por la historia de la ciencia.
Por otro lado, tenemos las medidas legislativas (como la Ley de Igualdad), la creación de organismos como la unidad específica de “Mujer y Ciencia”, los estudios de género, las estadísticas públicas con datos desagregados por sexo, etcétera.
Las acciones pueden tomarse en diferentes niveles pero la forma más efectiva tiene que ver con la educación: educar en comportamientos no sexistas.
Las medidas legislativas no serán eficientes si no hay una concienciación social; y esto se debe llevar a cabo desde los inicios de la educación de niños y niñas, eliminando los estereotipos sexuales, presentes en nuestras vidas desde el momento en que nacemos.
Si las futuras generaciones no tienen una imagen estereotipada de ambos géneros, la situación cambiará, y por lo tanto evolucionará. Hay que modificar las características que siempre se le asocian al hombre como competitividad, racionalidad, objetividad, y por este motivo, el rol de que las carreras científicas y tecnológicas están orientadas a él. Así que, otra vía eficaz para paliar este problema, incidiendo desde la educación, es ofrecer una información más generalizada, enfocada tanto a hombres como a mujeres, e intentar modificar este estereotipo para incrementar el número de mujeres que estudien ciencias, y así, lograr la paridad en el empleo científico.
Por último, cabe destacar que aunque las desigualdades o discriminaciones que se reflejan cotidianamente hayan evolucionado en su forma y sean más discretas, tienen igualmente efectos colaterales, por lo que hay que superarlas. Y conseguir, que en un futuro, no muy lejano, hombres y mujeres compartan de forma natural el peso laboral y familiar, para que ambos puedan llevar a cabo sus perspectivas profesionales y personales.
Laura Battaglini Palacios
Otros enlaces de interés:
http://www.ifs.csic.es/mujeres/mcfecyt.pdf
http://www.amit-es.org/descarg/SEBBM_M.Salas.pdf