Archivo de October 3rd, 2008

Clara de Salamanca

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Una humilde mujer que a través de su modesto oficio de "clistera"

colaboró eficazmente con la medicina de su época

En esa etapa histórica que se inicia con el reinado de los Reyes Católicos -el Renacimiento-, la Medicina en España aún está marcada por la superstición y el empirismo.

Junto a los escasos médicos y cirujanos salidos de las universidades, ejercen una especie de pseudomedicina, una legión de sanadores compuesta por barberos, sangradores, algebristas, hernistas, sacadores de la piedra, batidores de cataratas, sacamuelas y parteras.

Una oscura Medicina en la que también figuran "brujas y hechiceros, saludadores y ensalmadores, conjuradores, nigrománticos y astrólogos judiciarios "(L.S. Granjel,1971)

En medio de este abigarrado mosaico médico encontramos en Salamanca a una mujer de la que solo conocemos su nombre, Clara,  que practica en su ciudad el sanitario oficio de administrar clisteres o ayudas.

Lo hace en una época  que en contraste con siglos anteriores,  no sólo se observa una decadencia de la moralidad en los baños públicos, sino el olvido de las medidas higiénicas más elementales.

Clara, es evidente que no puede conseguir que sus conciudadanos se limpien por "fuera", pero sí va a limpiarlos ,¡¡y de que forma!!, por sus más íntimas y recónditas interioridades.

Y es que no en vano, la Medicina de su siglo -que, sin duda alguna, Clara conoce bien- sigue con fidelidad la teoría humoral de Galeno y derrocha medidas evacuantes: purgantes, vómitos, sangrías, ventosas y clisteres.

A través del ejercicio del arte de clisterizar, Clara llegará a conocer las vergüenzas o las partes pudendas de miles de pacientes de Salamanca y sus alrededores.

De su curioso e inusual record en terapéutica evacuante, va a contar, con el excepcional testimonio escrito de uno de los más grandes médicos españoles del siglo XVI : Andrés Laguna.

En  su obra Materia Médica -una versión del libro de Dioscórides-, Andrés Laguna describe y da normas de cómo conservar y preparar cerca de mil sustancias, de las que cincuenta de ellas son minerales, ochenta son animales, y más de seiscientas, vegetales.

Clara, con la que indudablemente Andrés Laguna debía mantener algún tipo de relación profesional, tomará buena nota de la utilidad de estas últimas para la realización de sus clisteres.

En una de las páginas de Materia médica nuestro renacentista Andrés Laguna dedica un recuerdo al buen hacer de la salmantina Clara:

"…las mercuriales son unas plantas muy comunes en Castilla y no hay hombre rico ni pobre que perfectamente no las conozca, porque son muy ordinarias y familiares en el uso de los clisteres, si no que se lo pregunten a Clara, famosa clistera de Salamanca, la cual solía siempre en mi tiempo tener tres o cuatro tinajas llenas de caldo de acelgas y mercuriales, aguzado con sal y orines, del cual a tarja (1) cada una, echaba cada día diestramente cien mil ayudas, con que enjuagaba a los infieles vientres de aquellos pupilos infortunados que jamás se vieron llenos, sino de viandas pestilentes."

(1) antiguo término castellano: palo en el que haciendo una muesca se marca lo que se saca o se vende a fiado.

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