Archivo de December 22nd, 2008

Florence Nightingale: “un cisne salvaje…” (1)

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En 1854, Francia, Gran Bretaña, el Piamonte y Turquía declaran la guerra a Rusia. Será conocida como la “guerra de Crimea”.

Parece ser que las causas que la motivaron eran las pretensiones del zar Nicolás I de ejercer el protectorado sobre los cristianos de Turquía.

Esta guerra no hubiera tenido eco en las páginas de la Historia de la Medicina a no mediar la labor informativa de un periodista del The Times, W.H. Russell.
Este corresponsal de guerra comenzará, en octubre de 1854, a enviar desde Crimea unas crónicas que van a introducir en el tono triunfalista de los aliados unas noticias que estremecen al pueblo inglés.

Noticias que hablan de soldados ingleses heridos que, abandonados a su suerte en el campo de batalla, operados en las mismas trincheras o hacinados en barracones  mal ventilados  y carentes de las más elementales medidas de higiene, mueren a centenares.
"No hay suficientes cirujanos, ni enfermeras, ni tela para vendas, ni el instrumental quirúrgico necesario"

A sus denuncias añade una carga de profundidad para el orgullo inglés:
"Los franceses nos superan en todo. No sólo tienen más cirujanos sino que también cuentan con la solícita asistencia de las Hermanas de la Caridad".

Las voces airadas del herido orgullo inglés se dirigen a la persona que en aquellos momentos es Secretario de Guerra del gobierno inglés: Sir Sidney Herbert.
El honorable Sir, es consciente de que alguna medida, tan extraordinaria como urgente, tiene que adoptar. La solución la va a encontrar en la colaboración de una joven e inteligente mujer, con la que el matrimonio Herbert mantiene una cordial amistad: Florence Nightingale.

 

Florence Nightingale (1820-1910) había nacido en la bella ciudad italiana de Florencia  -cuyo nombre toma- y pertenecía a una distinguida familia inglesa.

Florence constituye un claro ejemplo de vocación médica que no es del agrado de sus padres que esperaban “algo más” de una señorita que deberá moverse por los elegantes ambientes de la Corte inglesa.

Unos padres que ante la tenacidad de Florence se lamentan: "Somos unos patos que han engendrado un cisne salvaje".

Le prohíben estudiar medicina, con lo que sólo consiguen que Florence espere a cumplir la mayoría de edad para hacer posible su decidida vocación por los estudios de enfermería.
Viaja a Francia, Italia, Grecia y Egipto donde visita diferentes hospitales y estudia los más modernos sistemas de asistencia sanitaria. Por último marchará a Alemania, donde ampliará su formación en la Escuela de Diaconisas de Kaiserswerth que dirige el reverendo Theodor Fliedner.

Cuando regresa a Inglaterra, dotada ya de una formación suficientemente sólida, inicia la tarea de mejorar la asistencia que los enfermos reciben en los hospitales ingleses.
Funda en Londres una escuela de enfermeras similar a la de Kaiserswerth, una escuela de salud para profesores y una institución  para atender a enfermas provenientes de las clases nobles inglesas.

El 15 de octubre de 1854 la joven inglesa encuentra en su buzón una carta en la cual de forma cariñosa y suplicante Sir Sidney Herbert pide a Florence que organice la asistencia sanitaria en los hospitales de Crimea:
"Querida Florence, sólo existe una persona que yo conozca en Inglaterra capaz de organizar y supervisar tal proyecto…"

Solamente seis días después, el 21 de octubre de 1854 Florence Nightingale con un grupo de treinta y ocho enfermeras embarca para Crimea

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