Sobre Cecilia Payne

payne.jpg

Numerosos detractores pensaban a comienzos de los años veinte del pasado siglo que los cálculos de Sir Arthur Stanley Eddington acerca de la temperatura del núcleo del Sol eran erróneos. Creían que la temperatura obtenida por Eddington (unos 15 millones de grados) era demasiado baja para que los núcleos atómicos dentro del sol pudiesen repeler la fuerza electrostática y fusionarse para dar lugar a elementos más pesados. Este mecanismo de fusión ya era ampliamente aceptado como el que verdaderamente ocurría dentro del astro rey.

Sin más preámbulos, Eddington se apresuró a responder a sus enemigos profesionales y, en 1926, publicó The Internal Constitution of the Stars, donde escribió: “no nos oponemos a los críticos que argumentan que el Sol es demasiado frío para albergar un mecanismo de fusión; instamos a dicha crítica a que encuentre un lugar más caliente”. Una manera bonita de mandarles a todos al infierno.

Dos años más tarde, el astrofísico George Gamow publicó sus estudios acerca del efecto túnel, ese efecto cuántico que determina que, a escalas del orden del tamaño de los átomos, las partículas adquieren un comportamiento ondulatorio y, por tanto, probabilístico. Para entenderlo, pongamos que una partícula adquiere repentinamente el tamaño de una pelota, y alguien la lanza rodando montaña arriba. La pelota rodará hasta transformar toda su energía cinética en energía potencial, se parará y comenzará la transformación inversa mientras rueda colina abajo, hacia atrás: la pelota no tenía energía suficiente para llegar a la cima y rodar hasta el otro lado de la montaña.

Ahora bien, el efecto túnel sugiere que la pelota tiene una probabilidad finita (que será mayor cuanto menor sea su tamaño, por eso esto no ocurre con pelotas de fútbol) de atravesar la ladera de la montaña y caer rodando por el otro lado incluso cuando no tenía energía suficiente para rodar hasta la cima.

Esto fue utilizado por Gamow para explicar por qué sí es posible que exista fusión de elementos en el interior de las estrellas, incluso con temperaturas más “bajas”: los núcleos, aun no disponiendo de la energía térmica suficiente, atraviesan las barreras de repulsión electrostática gracias al efecto túnel.

Sin embargo, tanto Gamow como Eddington perseveraban en su convicción de que el Sol estaba compuesto mayoritariamente por elementos pesados (elementos con gran número de electrones y protones). Al menos hasta finales de la década de los veinte, cuando entra en escena el sujeto del presente artículo, Cecilia Payne.

Se encontraba trabajando para su doctorado en el Radcliffe Collage; junto con su supervisor, Henry Norris Russell, utilizó la espectroscopía (la clasificación de los elementos de una fuente luminosa a través del estudio del espectro discreto de dicha fuente) para determinar que el componente mayoritario de la atmósfera solar era, sin ningún género de dudas, el hidrógeno.

Tan chocantes fueron estos resultados, que el mismísimo Russell le “recomendó” introducir una hipótesis en sus conclusiones, que relacionara los resultados con un posible comportamiento peculiar del hidrógeno bajo circunstancias interestelares.

Cecilia Helena Payne (1900-1979), nació el 10 de mayo en Wendover, Inglaterra. Tenía tan solo cuatro años cuando su padre murió, lo cual no le privó de la curiosidad científica que la convertiría, más adelante en su vida, en una eminencia en el campo de la astrofísica. Siendo joven, sin embargo, se interesó por la botánica, la química y la taxonomía además de la física. Pronto dejaría a un lado la botánica, pero su pasión por clasificar las cosas que le rodeaban le impulsó a catalogar las estrellas variables del firmamento.

Finalmente, la inspiración final la encontró al escuchar una conferencia (precisamente, de Sir Arthur Eddington) acerca de la relatividad y la astronomía. Decidida, dejando atrás no sólo la Universidad de Cambridge, sino también la nostalgia y el miedo, se embarcó en 1923 hacia los Estados Unidos, donde conocería a Harlow Shapley, el director del observatorio de la Universidad de Harvard. Gracias a un programa impulsado por él mismo, cuyo objetivo era animar a las mujeres a trabajar en el observatorio, Cecilia fue la segunda mujer en ingresar, siguiendo los pasos de su predecesora Adelaide Ames (1922).

Pronto empezaría sus estudios acerca de las líneas espectrales del hidrógeno, hasta culminar con su tesis Atmósferas Estelares, “sin duda la más brillante tesis doctoral jamás escrita en el campo de la astronomía”, como puntualizó, categóricamente, Otto Struve en 1962. Dicha tesis, en resumen, establecía que espectros diferentes obtenidos de estrellas diferentes, debían sus diferencias a condiciones físicas distintas de cada una de las estrellas (temperatura, por ejemplo), y nunca a variaciones en las abundancias relativas de los elementos químicos.

De esto se desprendía, irreversiblemente, que las abundancias del hidrógeno y el helio debían ser, respectivamente, un millón y mil veces mayores en las estrellas que en la Tierra. La “recomendación” de Russell (más una invitación obligada) llevó a Cecilia a dejar fuera estas conclusiones.

Irónicamente, fue el mismo Russell quien, cuatro años más tarde, convenció a la comunidad astronómica de que, como había inferido su pupila, todas las estrellas tienen abundancias químicas muy similares, donde hidrógeno y helio aglutinan el 99% y que, por ende, el hidrógeno es el elemento más abundante del Universo.

Cecilia se une al grupo de otras mujeres que hicieron aportaciones en el campo de la Astronomía.

Para saber más: John Gribbin. Science. A History. Penguin Books

http://www.aavso.org/publications/newsletter/number25/cecilia.shtml

http://www.physics.ucla.edu/~cwp/Phase2/Payne-Gaposchkin,_Cecilia_Helena@861234567.html

Comparte el artículo:Estos iconos enlazan con webs de marcadores sociales que permiten a los lectores compartir y descubrir nuevas webs.
  • del.icio.us
  • digg
  • fresqui
  • meneame
  • neodiario
  • YahooMyWeb
  • Enviar esta entrada por E-Mail
  • Imprimir esta entrada
  • Post2PDF

2 Comentarios to “Sobre Cecilia Payne”

  1. Mayte Bodoque on May 2nd, 2009 14:00

    La historia de la astronomía está plagada de grandes nombres de mujer, parece que para este campo se abrieron puerta de una forma más fácil a las féminas, sin duda y a pesar de muchos gracias a su excelente trabajo. En Harvard, a finales del siglo xx, el trabajo en astronomía cambió con la entrada de Pickering que decidió aplicar la fotografía para determinar las posiciones, tipos espectrales y variabilidad de las estrellas, esto hizo que la tarea fuese más la propia de una oficina que la de un observatorio, lo que facilitó la incorporación de mujeres. Las cuales destacaron por su trabajo científico, más que administrativo.
    Este es el caso de la persona que nos ocupa, ya que Cecilia Payne fue la primera persona (hombre o mujer) que realizó una tesis de astronomía en Harvard, la cual le valió su fama y reconocimiento.
    Normalmente, todo lo nuevo desata polémica, pero cuando lo nuevo viene de una mujer y en los años 20, parece que tiene aún más repercusión. Cecilia Payne tuvo la fuerza de defender su trabajo, el cual se enfrentaba a uno de los modelos más sólidos de la astronomía. Debido a su acierto interpretando los espectros, concluyó lo que hoy ya se tiene como una rotunda afirmación, la abundancia del hidrogeno y el Helio en la composición química.
    Además de una gran científica, también fue una gran mujer de familia, ya que era fácil ver a Cecilia en su despacho de Harvard a sus tres hijos y a su marido, el cual trabajaba con ella, ya que compartían profesión.
    Cecilia fue una de las mujeres destacadas en el observatorio, como profesora, catedrática y madre, todo un ejemplo.

    http://www.astrogea.org/surveys/Cecilia_Payne.htm
    http://www.astrogea.org/surveys/dones_harvard.htm
    http://cwp.library.ucla.edu/Phase2/Payne-Gaposchkin,_Cecilia_Helena@861234567.html

  2. Alfonso Pérez-Andújar Cavestany on May 8th, 2009 13:10

    Cecilia Payne-Gaposchkin: “He acabado entendiendo que un problema no me pertenece ni a mí, ni a mi equipo, ni a mí observatorio, ni siquiera a mi país; pertenece al mundo”. Pero ni siquiera estas palabras han servido para que Cecilia Payne tenga, siquiera, una placa conmemorativa. Y es que desde 1979, año de su fallecimiento, ni siquiera los historiadores más empeñados en quitar el polvo a los descubrimientos y logros profesionales de mujeres que se han dedicado a la ciencia, han recordado la importancia de lo que Cecilia Payne descubrió: que el elemento más abundante del universo es el hidrógeno.
    En los obituarios que aparecieron en la prensa cuando falleció, tampoco se reconoce que hiciera mucho más que cualquier astrónomo de su tiempo.
    ¿Por qué a un niño de diez años le suena el nombre de Albert Einstein? ¿Por qué se enseña que fue a un tal Newton a quien se le cayó una manzana en la cabeza? Polvo eres y en polvo te convertirás… somos polvo de estrellas, a fin de cuentas, 70 por ciento agua, es decir, hidrógeno. Entonces, ¿por qué es menos importante saber que el hidrógeno abunda más que cualquier otro elemento en el universo y, sin embargo, aunque uno no sea físico relativista, sabe quién es Albert Einstein?
    No quito méritos al gran genio alemán, ni siquiera al gran genio Newton, cuya teoría quedó desbancada por la Relatividad: sólo apunto una curiosidad, y que cada uno juzgue.

    http://www.harvardsquarelibrary.org/unitarians/payne2.html
    http://www.carleton.edu/departments/PHAS/Astro/pages/marga_michele/Cecilia_Payne.html
    http://astro.berkeley.edu/~gmarcy/women/cecilia.html

Deja una respuesta




This is a captcha-picture. It is used to prevent mass-access by robots. (see: www.captcha.net)

Debes leer y teclear los 5 caracteres entre 0..9 y A..F, y enviar la respuesta.

  

No puedo leer esto. Por favor, generar un