El gato, la dama y el premio
Cuando en 1895 Alfred Nobel plasmó en su testamento su deseo de crear unos premios a investigaciones sobresalientes en múltiples campos, seguramente no se imaginó que en 1911 el jurado dudaría si entregar el premio Nobel de Química a la mujer que dedicó una buena parte de su vida a descubrir el Radio y el Polonio.

Aquella brillante investigadora ya había sido galardonada con otro Premio Nobel en el campo de la Física, y respondía al nombre de Marie Curie. No voy a relatar su biografía, ya que muchos de nosotros la conocemos y hay en este blog otros posts que la han retratado mucho mejor de lo que yo lo haría, pero no quería dejar de compartir la curiosísima anécdota ocurrida durante la elección del ganador del Premio Nobel de Química en el año 1911.
Tal vez podáis pensar que las dudas del jurado se debían a que otras investigaciones eclipsaban los estudios realizados por Marie, o que tenían recelos por tratarse de una mujer (una excusa algo retrógrada aunque, por desgracia, carente de “originalidad”). No, no se trataba de eso.
Lo cierto es que lo que hizo temblar la mano del jurado fue la vida privada de Marie Curie. O mejor dicho, el conocimiento público de su vida privada. Unos años después de la muerte de Pierre, nuestra protagonista inició una relación con el físico Paul Langevin. Esto no habría tenido ninguna trascendencia de no ser porque Paul, además de ser un físico muy reconocido, estaba casado. Cuando su mujer se enteró de su aventura la historia manchó las páginas de muchos periódicos, así como al reputación de Marie.
“The fires of radium which beam so mysteriously…have just lit a fire in the heart of one of the scientists who studies their action so devotedly; and the wife and the children of this scientist are in tears….”
–Le Journal, November 4, 1911
Tanta repercusión tuvieron las difamaciones emitidas por Madame Langevin, que el comité de los Premios Nobel exigió a Marie una explicación.
Bueno, vale, podemos pensar que el jurado es algo… anticuado en sus convicciones. Pero aquí hay algo que falla. ¿Qué pasa con Erwin Schrödinger, físico reputado y ganador del premio Nobel en 1933?
Para aquellos que no lo sepan, el hombre con el gato más famoso del mundo tuvo un gran número de amantes. Y lejos de avergonzarse de ello, las presentaba públicamente. En ocasiones acudía a fiestas y congresos acompañado de su esposa y de la susodicha (es una suerte tener dos brazos que ofrecer…), y sin embargo en ningún momento se dudó de su legitimidad para conseguir esa recompensa a los años de esfuerzo y dedicación a la mecánica cuántica.

“Conventional standards of sexual morality were irrelevant. Love and friendship were important and they could co-exist in many permutations without engendering anger or jealousy.”
– Schrödinger, life and thought. Walter J. Moore.
Sólo 22 años separan a Marie de Erwin, y sin embargo recibieron un trato completamente distinto, a pesar de que jamás se ha conseguido demostrar la relación entre el Radio, el Polonio y el romance de Marie, como tampoco se demostró la influencia de las habitaciones para tres en la Ecuación de Schrödinger.
¿Qué ocurrió con nuestra protagonista? En respuesta a las exigencias del Comité, Marie redactó la siguiente carta:
"You suggest to me… that the academy of Stockholm, if it had been forewarned, would probably have decided not to give me the Prize, unless I could publicly explain the attacks of which I have been the object. I must therefore act according to my convictions. The actions that you advise would appear to be a grave error on my part. In fact, the Prize has been awarded for the discovery of Radium and Polonium. I believe that there is no connection between my scientific work and the facts of private life. I cannot accept the idea in principle that the appreciation of the value of scientific work should be influenced by libel and slander concerning private life. I am convinced that this opinion is shared by many people."
Marie Curie.
Finalmente, Marie Curie recibió el Premio Nobel de Química en el año 1911, y aunque siempre se la recordará por su pasión y dedicación a la ciencia, merece también la pena destacar que fue la mujer autora de esta carta, donde defiende su derecho a tener una vida privada y a no ser juzgada por la misma. En mi opinión, una contribución a la comunidad científica fuera de lo común, pero no por ello menos valiosa.
Links de interés
http://www.aip.org/history/curie/scandal1.htm
http://query.nytimes.com/mem/archive-free/pdf?res=9F06EEDB1231E233A25752C2A9649D946096D6CF
http://empowerment4women.com/culture/the_feminist_experience/smart_blonde:_marie_curie/














