Historia de las matemáticas (I)
En este blog hemos sido muchos y muchas los que hemos remitido artículos, links, etc. sobre las mujeres más importantes en el mundo de la ciencia, o las mujeres que siendo grandes científicas han sido olvidadas. Yo, tras leer muchos de estos artículos y conocer un poco más sobre todas aquellas mujeres, me propuse la idea de hacer una recopilación de todas aquellas figuras, en especial de las matemáticas. Sobre algunas de estas mujeres han contribuido mis compañeros en el blog pero otras aún no han sido mencionadas. Así, espero ofreceros con esta contribución llamada "Historia de las matemáticas" un panorama general, una pequeña guía, sobre todas aquellas mujeres que han aportado su granito de arena a las ciencias en general y a las matemáticas en particular.
La participación de las mujeres en el desarrollo de las matemáticas está enteramente ligada a las posiciones y roles que les han sido atribuidos en cada sociedad. Hoy en día existen numerosos países en los que las mujeres matemáticas acceden a los puestos más elevados. Sin embargo, en muchos lugares el desarrollo de esta carrera por parte de las mujeres se ve frenado con obstáculos persistentes. En Alemania, por ejemplo, solamente el 3,4% de los puestos de profesores de universidad en matemáticas son ocupados por mujeres. Esta es una de las razones por las que la fundación Volkswagen ha impulsado en Alemania un proyecto interdisciplinar en el que colaboran matemáticos, historiadores y psicólogos sociales con el fin de establecer los diferentes factores que intervienen en el desarrollo de la carrera de las mujeres y hombres matemáticos.
La historia de las matemáticas se limita a monografías de retratos individuales de mujeres excepcionales. En la literatura existente, salvo aquellas excepciones notables, existe una ausencia de mujeres en el campo de las matemáticas hasta el siglo XXI. Entonces, desde una perspectiva histórica, ¿cuál es el panorama que ha permitido u obstaculizado la contribución de las mujeres al mundo de las matemáticas? Y ¿quiénes fueron y por qué aquellas mujeres que lograron hacerse un hueco en el campo de las matemáticas?
La primera de estas excepciones es Hypatia de Alejandría (nacida en 415) sobre la que existen hoy muchas biografías. Ella es la única mujer matemática de la antigüedad sobre la que se tiene constancia contrastada. Aún así disponemos de muy poco material directo sobre su vida y el resto de información se apoya, en parte, en relatos tal vez ficticios, o en la especulación.

Tabla matemática
A partir de la Edad Media, algunas mujeres, en particular las pertenecientes a las capas altas de la sociedad, recibieron una educación con el igual reconocimiento que la que recibían con hombres. Sin embargo, no conocemos ningún nombre de mujeres matemáticas para este periodo. Después de la revolución científica, y más en particular en el curso del siglo XVIII en Francia y en Italia, las mujeres letradas accedieron a una notoriedad intelectual.
Las tres grandes figuras más conocidas de mujeres matemáticas de entonces son Maria Gaetana Agnesi (1718-1799), Gabrielle-Émilie Châtelet (1706-1749) y Sophie Germain (1776-1831). En la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX un cierto número de mujeres adquirieron prestigio gracias a su labor vinculada al estudio de las matemáticas. Las más conocidas son Mary Somerville (1780-1872) y Ada Byron King, Condesa de Lovelace (1815-1852) quienes manifestaron un gran interés creador por las matemáticas.
El siglo XIX es todavía un siglo en que las mujeres matemáticas son excepciones en el mundo universitario que les está absolutamente cerrado. A partir de diferentes fuentes podemos crear una lista de "primeras mujeres" en diferentes países. Así, el primer doctorado en matemáticas que se expidió a una mujer fue para la rusa Sofja Kowalewskaja (1850-1891) cuya vida fue una lucha incesante por acceder a aquello que por aquel entonces era un privilegio reservado a los hombres: estudiar y enseñar. Emigrada desde Bielorrusia, obtuvo en 1869 la autorización de asistir a los cursos de la universidad de Heidelber, y más tarde fue a Berlín, para seguir los cursos de Karl Weierstrass (1815-1897).
Las mujeres no tenían entonces en Prusia el derecho de inscribirse en la universidad. Con coraje y apoyada por Weierstrass, Sofja envió a la universidad de Göttingen tres tesis - la primera sobre las derivadas parciales integrales, la segunda sobre las integrales abelianas y la tercera sobre la forma de los anillos de Saturno-. La universidad le expide en 1874 su doctorado in absentia, con la mención más elevada. Nombrada profesora en Estocolmo en 1884, miembro del comité de las Actas Matemática, Sofja Kowalewskaja fue la primera mujer matemática profesional. Se convirtió en un símbolo de aquello que la mujer puede llegar a lograr si no se le ponen trabas. La universidad de Kaiserslautern, por ejemplo, inauguró en 1991 la cátedra Sofja Kowalewskaja de matemáticas aplicadas para las mujeres profesoras invitadas.
En el decenio que sigue a la tesis de Sofja Kowalewskaja, no ha habido más que dos tesis de matemáticas defendidas por mujeres. La primera en Suiza, y la segunda en Inglaterra. La rusa Jelisbeta Fjodorowna (1845-1919) fue por tanto la segunda mujer que obtuvo el grado de doctor en matemáticas, que le fue otorgado en Suiza, en la universidad de Berna en 1878. Algunos años más tarde, en 1885, la inglesa Charlotte Angas Scott (1858-1931) se convirtió en doctora por la universidad de Londres.
Charlotte jugó un papel clave en la creación de la Sociedad Americana de Matemáticas y tuvo una influencia considerable sobre la comunidad matemática americana que entonces se encontraba en pleno desarrollo, sobretodo la parte que correspondía a las mujeres. Durante cuarenta años (de 1885 a 1925) fue la responsable de los estudios de matemáticas en la célebre escuela Bryn Mawr. Charlotte animó a las jóvenes matemáticas a seguir sus estudios en Europa, principalmente en Göttingen, que se había convertido en un centro internacional de matemáticas, y que cambiaría el futuro de las mujeres matemáticas.
Algunos links de interés
http://centros5.pntic.mec.es/~barriope/matematicas/web_taller_0203/mujeres/mujeres_index2.htm
http://personal.redestb.es/javfuetub/biografias/mujmat.htm
http://www.docuciencia.es/2010/01/el-universo-matematico-9-mujeres-matematicas/










Su innata pasión por observar las estrellas (que heredó de su madre) la llevó a estudiar astronomía. Ingresó en el Wellesley College (uno de los centros para mujeres de USA) donde estudió Física y posteriormente Astronomía. En el 1884 ya se había graduado y se dedicó a viajar por Europa desarrollando una gran afición a la música y la fotografía. Tanta fue su pasión por la fotografía que en 1892 visitó España para observar y fotografiar un eclipse solar.
En 1894, justo cuando tiene lugar la muerte de su madre, Annie vuelve a Wellesley para seguir con un curso superior de Astronomía. Para entonces, había perdido prácticamente todo el oído debido a una enfermedad y posiblemente debido a esto, se vio un poco apartada de reuniones y concentraciones sociales y se dedicó completamente a la astronomía. Tras el curso avanzado de Astronomía se matriculó en Radcliffe (donde además era profesora junior de Física) en las clases del profesor Edward Charles Pickering, que era director del Harvard College Observatory y para el que posteriormente trabajó catalogando estrellas variables y clasificando los espectros de las estrellas observadas desde la estación de Arequipa.
Entre el personal de Harvard había algunas mujeres, a las que llamaban, de forma poco profesional, "computadoras" (por realizar el trabajo de clasificación de estrellas y reducción de datos complejos) o "registradoras" (porque registraban los datos). Cobraban 50 centavos la hora y su trabajo no estaba muy bien valorado. Su esfuerzo (junto al de Williamina P.S. Fleming) estaba dedicado al proyecto del profesor Pickering que consistía en registrar, clasificar y catalogar los espectros de todas las estrellas hasta la novena magnitud. El esquema de clasificación espectral por la temperatura superficial que usó en dicho proyecto se convirtió en el universal y gracias a él consiguió catalogar 225.000 estrellas (llegando incluso a la cifra de 300 estrellas por hora sin apenas error ya que llegaba hasta la magnitud once de su espectro). Además descubrió unas 300 estrellas variables y 5 novas. Gracias a este trabajo, enseguida Annie vio recompensada su labor obteniendo un puesto fijo en el observatorio de Harvard pero aun así, por el hecho de ser una mujer, no fue un puesto de astrónoma como el que hubiera recibido un hombre sino que se le ofreció el cargo de conservadora de fotografías astronómicas. Tan injusto fue el reconocimiento que recibió que incluso un astrónomo propuso al rector de la universidad que el nombre de Annie debía figurar en el catálogo de la universidad para así recibir un reconocimiento oficial y éste se negó, por lo que su trabajo apareció bajo el nombre de Henry Draper Catalogue. A pesar de ello, en el año 1925 tuvieron que ceder y presentar el nombre de Annie Cannon en el catálogo de la universidad ya que había ganando tanto prestigio, que incluso en la universidad de Oxford la nombraron Doctor Honoris Causa (el primero concedido a una mujer).
Además en 1923 había sido elegida como una de las mujeres americanas más importantes con vida; en 1931 la National Academy of Sciences le dio la medalla Henry Draper; en el 1932 le concedieron el premio Ellen Richards e incluso el cráter Cannon de la luna fue nombrado así en honor a ella. Aun así, y pese a ser conocida en todo el mundo como la astrónoma más notable de su época, en Harvard se le siguió negando su merecido reconocimiento oficial, hasta que en el año 1938, fue nombrada profesora regular de Astronomía.







