“Reflexiones sobre género y ciencia”: una mirada panorámica
"Mujer y ciencia": la primera impresión que me produjo el título de este blog fue que la discusión se enfocaría en las luchas que las mujeres llevan a cabo para ocupar un lugar en igualdad de condiciones en la producción institucionalizada de conocimiento científico. A su vez, esta impresión me hizo plantearme una serie de problemas (¿la lucha le corresponde sólo a las mujeres? ¿qué papel jugarían los hombres en estas reivindicaciones?), los cuales me llevaron a profundizar un poco, y a preguntarme por el significado de las categorías mujer y hombre, y sobre todo, por la relación que mantienen con la categoría ciencia.
Con estas cuestiones en mente, encontré, navegando por la Web, una referencia a un libro, cuya lectura me ha resultado muy estimulante: Reflexiones sobre género y ciencia, de la científica Evelyn Fox Keller, publicado en 1985. El libro consiste en una colección de ensayos que la autora comenzó a escribir a mediados de la década de los setenta, cuando una pregunta alteró la jerarquía sobre la que se basaba su trabajo como investigadora en biofísica matemática: "¿En qué medida la naturaleza de la ciencia está enmarañada con la idea de lo masculino, y qué implicaciones tendría para la ciencia si esto fuera de otra manera?"
Tengo entendido que estos ensayos, y el trabajo de la Dra. Fox Keller en general, son un punto de referencia obligado para el estudio de las relaciones entre género y ciencia. Aunque sé que muchos de ustedes ya han leído el libro, dedicaré este post a resumir sus argumentos generales y a citar los ejemplos que usa para ilustrarlos, con el propósito de que aquellos que no lo conozcan se animen a darle una hojeada, y también para organizar en mi cabeza las impresiones que la primera lectura me ha causado.
En las primeras líneas de la "Introducción", la autora disipa cualquier equívoco que el título de este blog podría contener: un estudio sobre género y ciencia no estudia a la mujer per se, sino que, partiendo del reconocimiento de que género y ciencia son categorías construidas socialmente, enfoca el análisis en las dinámicas de las fuerzas cognitivas, sociales y emocionales que crean y reproducen a los hombres, a las mujeres, y a la ciencia. En consecuencia, Keller se interesa por cómo la construcción social de las mujeres y los hombres ha afectado la formación de la ciencia.
La autora explica que sus dudas han podido dar fruto gracias a la conjunción de dos corrientes académicas más o menos separadas: por un lado, los estudios sociales sobre la ciencia, y por otro, la teoría feminista moderna. Como es bien sabido, la primera de estas corrientes propone que el avance científico no está determinado únicamente por el progresivo perfeccionamiento de la lógica interna de las teorías científicas, sino que otros factores que no necesariamente tienen que ver con evidencia empírica o necesidad teórica juegan un papel decisivo en el proceso. La segunda corriente aborda, específicamente en relación con las ciencias naturales, la "mitología popular según la cual la objetividad, la razón y la mente están asociadas a lo masculino, mientras que la subjetividad, el sentimiento y la naturaleza lo están a lo femenino" (p. 5). Más, las propuestas feministas le permiten a Keller aplicar el lema "lo personal es político" para invertir las suposiciones que sustentan esta mitología, y retar de una manera radical las pretensiones de objetividad absoluta de la ciencia moderna.
Los ensayos se agrupan en tres partes. La primera, llamada "Los lazos históricos entre mente y naturaleza", trata sobre cómo se ha formado el concepto de naturaleza en tanto que objeto principal de estudio de la ciencia. En esta primera parte se encuentra un ensayo titulado "Amor y sexo en la epistemología de Platón", el cual me pareció especialmente interesante. La segunda parte, "El mundo interno de sujetos y objetos", investiga desde la psicología la idea de que la ciencia moderna es autónoma, en el sentido de que, a diferencia de por ejemplo la astrología o la alquimia, está libre de proyecciones humanas y es objetiva; se propone que la ciencia moderna también proyecta una serie de aspiraciones humanas, la autonomía, la alienación y el desinterés. Por último, en la tercera parte, "Teoría, práctica e ideología en la construcción de la ciencia", Keller investiga las relaciones entre los tres elementos que aparecen en el título de la sección, para considerar las posibilidades de avanzar hacia nuevos paradigmas científicos.

Así, el libro intenta explicar tanto las limitaciones como los éxitos de la ciencia, y es "una reclamación, desde dentro de la ciencia, de la ciencia como un proyecto humano y no sólo masculino, y también una renuncia a la división emocional e intelectual del trabajo la cual mantiene a la ciencia como un ámbito reservado a lo masculino" (p.178). Pienso que este es un texto que vale mucho la pena, por su agudeza teórica y elegante estilo, y por los problemas que suscita en relación con temas que nos afectan a todos cotidianamente.
Espero que mi agreste resumen haya servido de algo. Agradecería mucho si alguien me pudiera referir más bibliografía de este tipo
Referencias
Fox Keller, Evelyn, Reflections on Gender and Science, Yale University Press; 10 edition (1996). Versión en castellano: Reflexiones sobre género y ciencia, Edicions Alfons el Magnanim, (1991).
Sitios Web
http://plato.stanford.edu/entries/francis-bacon/
http://www.ciudadpolitica.com/modules/news/article.php?storyid=651
http://www.womenwriters.net/archives/whittoned1.htm












Su innata pasión por observar las estrellas (que heredó de su madre) la llevó a estudiar astronomía. Ingresó en el Wellesley College (uno de los centros para mujeres de USA) donde estudió Física y posteriormente Astronomía. En el 1884 ya se había graduado y se dedicó a viajar por Europa desarrollando una gran afición a la música y la fotografía. Tanta fue su pasión por la fotografía que en 1892 visitó España para observar y fotografiar un eclipse solar.
En 1894, justo cuando tiene lugar la muerte de su madre, Annie vuelve a Wellesley para seguir con un curso superior de Astronomía. Para entonces, había perdido prácticamente todo el oído debido a una enfermedad y posiblemente debido a esto, se vio un poco apartada de reuniones y concentraciones sociales y se dedicó completamente a la astronomía. Tras el curso avanzado de Astronomía se matriculó en Radcliffe (donde además era profesora junior de Física) en las clases del profesor Edward Charles Pickering, que era director del Harvard College Observatory y para el que posteriormente trabajó catalogando estrellas variables y clasificando los espectros de las estrellas observadas desde la estación de Arequipa.
Entre el personal de Harvard había algunas mujeres, a las que llamaban, de forma poco profesional, "computadoras" (por realizar el trabajo de clasificación de estrellas y reducción de datos complejos) o "registradoras" (porque registraban los datos). Cobraban 50 centavos la hora y su trabajo no estaba muy bien valorado. Su esfuerzo (junto al de Williamina P.S. Fleming) estaba dedicado al proyecto del profesor Pickering que consistía en registrar, clasificar y catalogar los espectros de todas las estrellas hasta la novena magnitud. El esquema de clasificación espectral por la temperatura superficial que usó en dicho proyecto se convirtió en el universal y gracias a él consiguió catalogar 225.000 estrellas (llegando incluso a la cifra de 300 estrellas por hora sin apenas error ya que llegaba hasta la magnitud once de su espectro). Además descubrió unas 300 estrellas variables y 5 novas. Gracias a este trabajo, enseguida Annie vio recompensada su labor obteniendo un puesto fijo en el observatorio de Harvard pero aun así, por el hecho de ser una mujer, no fue un puesto de astrónoma como el que hubiera recibido un hombre sino que se le ofreció el cargo de conservadora de fotografías astronómicas. Tan injusto fue el reconocimiento que recibió que incluso un astrónomo propuso al rector de la universidad que el nombre de Annie debía figurar en el catálogo de la universidad para así recibir un reconocimiento oficial y éste se negó, por lo que su trabajo apareció bajo el nombre de Henry Draper Catalogue. A pesar de ello, en el año 1925 tuvieron que ceder y presentar el nombre de Annie Cannon en el catálogo de la universidad ya que había ganando tanto prestigio, que incluso en la universidad de Oxford la nombraron Doctor Honoris Causa (el primero concedido a una mujer).
Además en 1923 había sido elegida como una de las mujeres americanas más importantes con vida; en 1931 la National Academy of Sciences le dio la medalla Henry Draper; en el 1932 le concedieron el premio Ellen Richards e incluso el cráter Cannon de la luna fue nombrado así en honor a ella. Aun así, y pese a ser conocida en todo el mundo como la astrónoma más notable de su época, en Harvard se le siguió negando su merecido reconocimiento oficial, hasta que en el año 1938, fue nombrada profesora regular de Astronomía.













