Mujeres en la Europa medieval

Mujeres en la Europa medieval 1Me gustaría situaros muchos años atrás, en una época que se parece más bien poco a la nuestra, y en el papel que la mujer tuvo en ese encuadre histórico. Les hablo de la Edad Media, que es el período histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el XV.

En este largo periodo de mil años hubo todo tipo de hechos y procesos muy diferentes entre sí, diferenciados temporal y geográficamente, respondiendo tanto a influencias mutuas con otras civilizaciones y espacios, como a dinámicas internas. Muchos de ellos tuvieron una gran proyección hacia el futuro, entre otros los que sentaron las bases del desarrollo de la posterior expansión europea, y el desarrollo de los agentes sociales que desarrollaron una sociedad estamental de base predominantemente rural pero que presenció el nacimiento de una incipiente vida urbana y una burguesía que con el tiempo desarrollarán el capitalismo. Lejos de ser una época inmovilista, la Edad Media, vio cómo en sus últimos siglos los antiguos caminos (muchos de ellos vías romanas deterioradas) se reparaban y modernizaban con airosos puentes, y se llenaban de toda clase de viajeros (guerreros, peregrinos, mercaderes, estudiantes, goliardos).

Las circunstancias que rodean la vida del ser humano en general durante la Edad Media -inseguridad, guerras, epidemias, hambres, peso del poder feudal, tradición jurídica heredada a la vez de los romanos y del derecho germánico, y finalmente poder ideológico de la Iglesia- no pueden sino resultar todavía más perjudiciales a la parte femenina de la población.

Mujeres en la Europa medieval 2

La ciencia medieval no respondía a una metodología moderna, pero tampoco lo había hecho la de los autores clásicos, que se ocuparon de la naturaleza desde su propia perspectiva. En ambas edades el desarrollo del conocimiento estaba desligado del mundo de la técnica, que estaba relegado al trabajo manual de artesanos y campesinos, responsables de un lento, pero constante progreso en las herramientas y procesos productivos.

Al contrario de lo que suele creerse, en la Edad Media existe, a nivel del saber y de la enseñanza, una relativa pero cierta igualdad. Empezando por las capas «bajas» de la sociedad, en su mayoría campesinas, se advierte una ausencia generalizada de instrucción, tanto para los hombres como para las mujeres; éstas participan así de las conversaciones y de la vida social en posición de igualdad con sus maridos o hermanos. En un tipo de sociedad en el cual reina el analfabetismo, la transmisión oral de la cultura se realiza tanto a través de la madre o del padre a los hijos, como entre vecinos o vecinas, etc.

A un nivel social un poco más alto se encuentra una mayor diferenciación, ya que los que más estudios prosiguen son los clérigos; y la clericatura se mantuvo celosamente reservada a los varones, a pesar de la rebeldía femenina contra ese «monopolio» expresada por la abadesa de Las Huelgas de Burgos y por la de Palencia en el siglo XIII. Esa contestación costó a las abadesas la confiscación de sus rentas y la excomunión. Sin embargo, desde el siglo VI, se exigía que las monjas supieran leer y escribir.

A partir del siglo XIII, con el desarrollo de la vida urbana, se crean escuelas comunales. En 1320 existía en Bruselas una escuela para niños y otra para niñas; en esta última enseñaban unas maestras pagadas por la ciudad. Si París, en 1272, disponía de once escuelas para niños y sólo una de niñas, en 1380 se contaban veinte más para las niñas. La enseñanza era gratuita e incluía lectura, cálculo, canto, escritura y enseñanza religiosa. Existían también, en esta época, escuelas «privadas» para niñas, principalmente en Flandes y Alemania.

Mujeres en la Europa medieval 3Durante ese mismo siglo XIII, las primeras universidades se convierten en los crisoles de la cultura europea. La mayoría de ellas eran fundaciones eclesiásticas y estuvieron prohibidas a las mujeres. Sin embargo, el ambiente intelectual y el afán de saber existían entre la población femenina, hasta el punto de que en Polonia, en el siglo XIV, una joven se disfrazó de hombre para ir a seguir los cursos de la universidad de Cracovia; al cabo de dos años, se descubrió el fraude y fue expulsada. Sin embargo, en Salerno, Italia, funcionó a partir del siglo X una escuela libre de medicina que otorgaba sus diplomas a mujeres, concediéndoles licencia para practicar la medicina y la cirugía. En Bolonia y en Montpellier también hubo gran número de estudiantes femeninas en medicina, algunas de ellas dejaron escritos tratados de ginecología. A partir de final del siglo XIII, se señala la presencia de mujeres practicando la medicina, la cirugía y la oftalmología en las grandes ciudades europeas como París, Londres, etc. La mujer, sin embargo, se vio poco a poco sustituida por el varón en la práctica del arte de la medicina y la cirugía, para desaparecer finalmente de esta profesión en el siglo XVI. De ésta y de todas las demás…

Con la aparición del libro impreso, la cultura se extendió mucho más rápidamente y propagó a través de toda Europa las ideas y los ideales renacentistas…, pero no alcanzó más que a los varones. El mundo intelectual y artístico se abre a nuevas influencias y a nuevos horizontes, pero excluye definitivamente a la mujer y se reduce a la parte masculina de la humanidad.

Desde la Edad Medía hasta nuestros días, el transcurrir de los años, decenios y siglos ha significado una evolución positiva, continua y ascendente de la mujer, tanto en lo que toca a la visión que de ella tiene la sociedad, como la que ella lleva sobre sí misma. A lo largo de esta evolución, algunas épocas, como el Renacimiento y el Siglo de Las Luces, jugarían un papel fundamental en la «liberación» de la mujer, hasta desembocar en la aparición del «feminismo» con las sufragistas de fines de siglo pasado, inicio a su vez de los movimientos actuales.

La conclusión que puedo sacar personalmente es la deuda histórica que tendremos siempre sobre esas mujeres sometidas a la sin razón. El único consuelo que nos queda es seguir luchando por todas ellas en su reconocimiento y en aras de la igualdad.

Fuentes y enlaces de interés

http://es.wikipedia.org/wiki/Edad_Media

http://www.vallenajerilla.com/berceo/florilegio/rucquoi/mujermedieval.htm

http://html.rincondelvago.com/mujeres-en-la-edad-media.html

http://www.artehistoria.jcyl.es/historia/contextos/1348.htm

http://centros3.pntic.mec.es/cra.eladio.laredo/trabajosalumnos/otanes/elmedievo.htm

Hildegarda von Bingen (y 2)

“La enfermedad será para Hildegarda, no un proceso, sino un modo deficiens, un error, un defecto, una merma existencial y un déficit ontológico”
H. Schipperges (1981)
Los conceptos médicos de Hildegarda
img035.jpg

En la obra médica de Hildegarda von Bingen tenemos la más original y sugestiva imagen de la idea que en la Alta Edad Media se tenía de la relación del hombre con Dios y el cosmos que le rodea.
Hildegarda plantea, pues, una visión de lo que ella entiende por fisiología, patología y terapéutica :

  • fisiología: sería el estado primero del hombre en su estado puro.
  • patología: el hombre en su estado anómalo, fruto de su pecado que le ha convertido en un ser frágil, débil y enfermo y ha quedado a merced de la muerte.
  • terapéutica -la curación vendrá de la reconciliación del hombre con Dios. Pero con un gran sentido práctico—ora et labora–, Hildegarda sumará al perdón del pecado la acción terapéutica de una serie de sustancias curativas

Los conceptos médicos de Hildegarda, como es lógico, se adaptan a la teoría tradicional de los humores que sostiene que el organismo está compuesto por los cuatro humores clásicos -sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra- y las enfermedades son consecuencia de un desequilibrio de estos humores.
Consecuente con ello escribe:
"el hombre contrae a veces grandes enfermedades a causa de la ira, porque cuando se agitan los humores de la bilis amarilla y la bilis negra, sus efectos opuestos le hacen enfermar"

Obra escrita

Las obras sobre la naturaleza, la enfermedad y la terapéutica están redactadas de acuerdo con las costumbres medievales..
Su extensa obra escrita la enmarca en dos títulos que han sufrido notables cambios a lo largo de las numerosas versiones realizadas desde su muerte:

  • Teoría sobre la naturaleza, más conocida como Physica
  • Terapéutica, una transcripción abrevida de Causae et Curae

Physica

De los libros que componen la primera de sus obras, destacan muy especialmente:
Liber simplicis medicinae y Liber compositae medicinae
En el primero de ellos que es, tanto una obra sobre la naturaleza como un recetario médico, expone Hildegarda el estudio de las sustancias curativas simples: plantas, sustancias animales y minerales.
El segundo de ellos -el Liber compositae medicinae- lo dedica a la descripción de las enfermedades, su etiología, síntomas y el modo de tratarlas a través de sustancias curativas compuestas.
Revisa Hildegarda los conceptos médicos de su siglo utilizando para ello un lenguaje pleno de naturalidad que llama poderosamente la atención, si consideramos la época en la que lo escribe.
Para poner un ejemplo valga estos dos fragmentos en el que Hildegarda sitúa las facultades y funciones del hombre de acuerdo a este esquema:
En el cerebro reside la sabiduría; en la frente la vergüenza, sobre las cejas el orgullo, en las sienes el sueño, en el corazón la voluntad, en el hígado los deseos, en el estómago el valor, en el bazo la risa, en la bilis la ira, bajo los riñones la libido, en las caderas el cosquilleo erótico, y en los genitales la potencia”.
Y ampliando este último aspecto añade:
En su potencia generativa el varón posee tres capacidades: el deseo seaxul (concupiscencia), la potencia sexual (fortitudo) y el acto sexual (studium)”.
Por si no ha quedado suficientemente claro, Hildegarda explica:

 "Primero la libido enciende la potencia, de manera que el acto sexual de la pareja se produce por un íntimo deseo mutuo".

La asombrosa “claridad” de su lenguaje alarma a las autoridades religiosas de su época y sólo gracias al apoyo decidido de Bernard de Clairvaux, logrará Hildegarda que el Papa Eugenio III le autorice a publicar su obra médica.

Fisiología de la reproducción

Hildegarda describe como es engendrado el hombre, el desarrollo del embrión, las fases del crecimiento y lógicamente el proceso del parto normal o patológico.
A través de los consejos que nuestra autora da a las mujeres de su tiempo—no en vano abandona con frecuencia la celda para dialogar y aprender de las sencillas gentes de las aldeas que rodean el monasterio—podemos imaginarnos la asistencia al parto cuando éste presentaba alguna dificultad:
Si una mujer embarazada tiene muchas dificultades en el parto, hay que hervir cuidadosamente hierbas suaves, esto es, hinojo e hiedra terrestre, y después de exprimir el agua, hay que aplicarlas en caliente sobre los muslos y la espalda y a continuación cubrirlas suavemente con un paño para aliviar el dolor y para que las vías del parto que están cerradas se abran suave y fácilmente.
Porque los humores malos y fríos que hay en la mujer se contraen a veces durante el parto y cierran estas vías. Pero si se estimulan por el suave calor del hinojo y el benigno calor de la hiedra terrestre por el poder conjunto del agua y del fuego, y se aplican sobre los muslos y espalda, estimulan a estos miembros a abrirse

Terapéutica

En el libro Causas y curación de las enfermedades (Causae et Curae) o Terapéutica, no se limita Hildegarda a describir las causas o síntomas de cada una de éstas sino que ofrece una colección de recetas, muchas de ellas extraídas de la medicina popular, a las que va sumando las que cultiva en el “huerto medicinal”—tan populares en la Edad Media- de su monasterio.
Algunas, como en este caso, son solamente lenitivas:
Para la peste con bubones negros, que acaba con una muerte dolorosa, hay que administrar únicamente hojas y raíces de la hierba de Aarón para conseguir que el enfermo tenga un final tranquilo
Una enfermedad que preocupa muy especialmente a nuestra brillante abadesa es la gota. Un proceso que para Hildegarda tiene carácter de epidemia y que describe con esta acertada brevedad:
Las personas que tienen la carne blanda y con muchos poros y tienden a comer y beber vino con exceso, son atacadas por la epidemia de gota o gutta

Hildegarda y la enfermedad melancólica

Pero también las enfermedades psíquicas (del espíritu), entre ellas la melancolía, forman parte de las inquietudes de Hildegarda. Sus estudios sobre esta enfermedad suponen -como aseguran Fernando Pagés y María Rebok- una de las concepciones más originales de la melancolía en la Edad Media.
De éste trastorno psíquico que nuestra autora relaciona con el pecado original dice lo siguiente en las páginas de Causae et Curae:
En el momento en el que Adán desobedeció el mandato divino, en ese mismo instante, la melancolía se coaguló en su sangre(…)Hay otros hombres que son tristes, tímidos, así como vagos en sus mentes(…) y esta melancolía es negra y amarga, y exhala todo mal, y a veces hace ebullir como por las venas la enfermedad hacia el cerebro y el corazón, y muestra la tristeza y la duda de toda consolación, de manera que el hombre no puede tener ninguna alegría..
Para la citada melancolía también Hildegarda encuentra remedios en la naturaleza:
“El jugo de malva disuelve la melancolía y el jugo de salia la reseca, el aceite de oliva calma la fatiga de la cabeza dolorida, mientras que el vinagre quita a la melancoía su fuerza”
Otros remedios, no precisamente extraídos del huerto medicinal serían para Hildegarda:
Aún hay otros remedios como la carne de las aves y el pulmón del cisne…

Epílogo

Es ciertamente difícil realizar la glosa de una mujer tan extraordinaria como Hildegarda von Bingen en tan breve espacio. Por ello animo a los interesados en la figura de esta excepcional mujer a profundizar en el estudio de la obra médica de Hildegarda von Bingen,.
Una mujer que fiel a su regla benedictina, ora et labora, supo, como en una fórmula magistral, mezclar a partes iguales:
las oraciones del claustro, unos saberes médicos adelantados a su tiempo y la acción curativa de las plantas de su huerto medicinal.

Bibliografía básica.

  • Victoria Cirlot ( Editora) Vida y visiones de Hildegard von Bingen.. Ed. Siruela. Madrid.2001
  • Manfred Pawlik (Recopilación) El arte de sanar de Santa Hildegarda.. Ed- Tikal. Madrid
  • Peter Köhler.( Recopilación) El huerto medicinal. Ed. Tikal. Madrid.