La primera mujer universitaria española: María Goyri

Este año se cumplen los 100 años desde que las mujeres españolas pudieron acceder a la Universidad y también que se las habilitara para ejercer las profesiones correspondientes.  Porque aunque recibieran la misma preparación que los hombres, la ley les prohibía ejercerlas.  Acababa así además, desde el punto de vista histórico, el punto de vista de que las mujeres podían alcanzar el mismo nivel de conocimiento intelectual y el mismo desarrollo profesional.

María Goyri ingresó como oyente en la universidad en el año 1.891 y fue la primera universitaria española de la época contemporánea.  Aunque su nombre hoy no es muy recordado. Y es que antes de la Contrarreforma nuestro país era uno de los más cerrados en materia de instrucción del género femenino.

Se cruzó en el camino con Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán. Trabajó en la Institución Libre de Enseñanza. Y dedicó sus últimos años a la investigación filológica.
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Hay un momento clave en el que la anciana Doña Concepción, la genial Doña Emilia, y la jovencísima María cruzan sus caminos vitales, tan distintos y tan complementarios. Lo recuerda en su excelente bosquejo biográfico Antonina Rodrigo y quizá de él habría de partir una historia del feminismo español, cuando se escriba. Fue en ese mismo año de 1892, en el Ateneo de Madrid, donde tenía lugar el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano. Salió a debate la ponencia de Concepción Arenal sobre la educación de la mujer y los dos aspectos que reclamaba: la formación intelectual y la educación física.

Otra mujer muy notable, Carmen Rojo, que dirigía la Escuela Normal de Maestras, se opuso frontalmente a la reivindicación gimnástica, hecho que puede parecer hoy trivial pero que tiene mucho sentido si pensamos en todos los tabúes y simbolismos que el cuerpo de la mujer encerraba para la época. Enconado el debate, saltó a la palestra una joven rubia, alta, de ojos verde agua, que defendió con vehemencia las tesis de Concepción Arenal. Fue tan apabullante y encendida su intervención que el salón se venía abajo con los aplausos. Doña Emilia Pardo Bazán se fue hacia la muchacha y le propinó un abrazo de los suyos, aplastante. Ahí se consagró María Goyri ante el pequeño gran mundo de las intelectuales españolas, cuya dedicación a la enseñanza ha sido la clave de su éxito final.

Pero María no hablaba a humo de pajas ni por razones meramente teóricas, sino basándose en su propia experiencia vital. Desde niña había tenido que recurrir, empujada por su madre, al ejercicio físico para combatir una artritis de origen tuberculoso. Su progenitora Doña Amalia era una mujer avanzadísima para la época, porque no sólo la metió en el gimnasio sino que la apuntó a una clase de dibujo con niños varones y le dio ella misma clases de todo, especialmente de autodisciplina.

A su empuje se debe indudablemente la seguridad en sí misma y la fe en el progreso de la mujer que llevaron a María, de familia vasca pero nacida en Madrid, ciudad en la que se instaló definitivamente a los cinco años, a ingresar como oyente en la Universidad junto a su gran amiga Carmen Gallardo en el curso del 91. Cuando Carmen quedó huérfana de padre -Don Mariano, que cumplió con ella un papel similar al de Doña Amalia en María- y se casó ese mismo año con un hombre notable, Ibáñez Marín, se dispuso a continuar su camino sola. Por poco tiempo.

Siendo una personalidad destacadísima, María era también el fruto del esfuerzo de beneméritos apóstoles de la emancipación femenina y la igualdad de los sexos, como Fernando de Castro, gran amigo de Concepción Arenal y creador de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Entre las secciones académicas estaba la Escuela de Comercio, en la que la hija de Doña Amalia entró a los 12 años. A los 17 empezó a frecuentar la Institución Libre de Enseñanza y a los 18 y 19, como oyente, y ya como alumna oficial, entró en la Universidad.

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Por cierto que debía ir a la sala de profesores y entrar acompañada de éstos en el aula, sin frecuentar los pasillos ni sentarse junto a los compañeros en clase. Precauciones estúpidas, concesiones a los prejuicios de la época, que el ejemplo de María derruyó más eficazmente que todas las argumentaciones.

Curiosamente no fue allí sino otra vez en el Ateneo donde encontró al hombre de su vida, en uno de esos cruces biográficos que hacen las delicias de los historiadores. Daba allí unas conferencias Marcelino Menéndez Pelayo, volcado ya en el estudio de las ideas estéticas y de la literatura hispanoamericana, y a escucharle acudió su antiguo alumno Ramón Menéndez Pidal, ya profesor universitario.

También acudió María, que llamaba la atención en todas partes y sin duda despertó algo serio en el entonces precocísimo maestro, casi tan precoz como en su día Don Marcelino.

Inclinada vocacionalmente al estudio de la literatura española y, en especial, la primitiva, era inevitable que la casualidad diera paso a la lógica y María se convirtiera en alumna de Ramón, luego en su colaboradora y finalmente en su mujer.

Fue el híspido y atormentado sobrino del rey Sabio, el infante don Juan Manuel, quien enlazó definitivamente esos dos espíritus severamente libres. María preparaba su tesis sobre el Libro del Conde Lucanor y Ramón un estudio sobre la obra de Don Juan Manuel. Nunca se sabrá qué fue primero, el enxiemplo o el amor, pero de aquel estudio salieron juntos para el resto de sus vidas. Su luna de miel fue célebre porque la hicieron siguiendo la ruta del Cid, que así de encantadoramente estudiosa y pacata era la juventud de la época; y en honor al héroe medieval, redescubierto por Don Ramón, le pusieron a su primera hija Jimena, como la esposa de Don Rodrigo. Digna hija de María y nieta de Amalia, Jimena habría de ser la tercera mujer excepcional en la renovación pedagógica del siglo XX español.

En el estilo de la Institución pero también en el vitalísimo de la propia María, el joven matrimonio Menéndez Pidal-Goyri salía de excursión por la Sierra del Guadarrama, acompañado de Jiménez Marín-Gallardo. Iban de caza, pero no cinegética sino literaria: romances viejos conservados en la tradición oral de la sierra madrileña, en cuya Ermita del Paular pasaban los veranos.

Con los años y la maternidad -tras Jimena llegó Ramón- María empezó a ser Doña María, como Ramón llegó a ser Don Ramón. Ella era una mujer imponente, al decir de los que la veían por primera vez. Su estatura, sus ojos, su porte altivo y la energía que emanaba toda su figura la convertían en modelo de maestra.
maria_goyri_3.JPGSin embargo, era tan sincero su amor al estudio, tan compenetrada estaba con la obra que lleva el nombre de su marido, tan discretamente llevaba sus asuntos religiosos, familiares y personales que nunca fue objeto de habladurías ni de críticas. Y es incalculable, de nuevo, lo que ese ejemplo supuso para la nueva consideración de la mujer en la España de comienzos de siglo.

Además de las investigaciones sobre el Romancero, el Conde Lucanor y Lope de Vega, su única aventura sentimental -decía ella- con algunos siglos de retraso, María Goyri trabajó hasta la Guerra en el Instituto-Escuela de la Institución Libre de Enseñanza, dedicada a la docencia del español en la Preparatoria. Mantuvo siempre su querencia higienista, combinando el juego y el ejercicio físico con el intelectual, siempre severa y exigente tanto con el niño como, sobre todo, con el maestro. Igual que ella fue alumna de su madre, Jimena lo fue suya y luego maestra de maestras, del Instituto-Escuela al Colegio Estudio. No dejó tampoco de cultivar el periodismo didáctico, y ahí están sus Crónicas Femeninas en la Revista Popular.

La Guerra Civil fue una hecatombe para los Menéndez-Goyri. Estaban en el bando de Franco pero seguían defendiendo sus ideas liberales, incluyendo la educación femenina en todos los ámbitos. El retroceso sólo fue episódico, aunque sórdido. Tras las depuraciones de posguerra y los oscuros años 40, a la sombra de un Imperio de papel biblia o de papel de estraza, según los escribanos, fueron rehaciendo sus vidas y su obra. Jimena tomó el relevo educativo, mientras Doña María se consagraba al archivo familiar y la investigación filológica. Murió en 1955. Literata, pedagoga, feminista, ciudadana, su vida fue una síntesis admirable de ética y estética.

El prisionero (ó)            (ficha nº: 3773)

Versión de Corporario (ay. Aldeadávila de la Ribera, ant. Corporario, p.j. Vitigudino, Salamanca, España).   Recogida por Federico de Onís, 1910. (Archivo: AMP; Colec.: Onís, F. de (M. Goyri-R. Menéndez Pidal)). Publicada en Petersen-Web 2002, Texto. Reeditada en Petersen-Web 2000-2007, Texto.  018 hemist.  Música no registrada.

Mes de mayo, mes de mayo,    por el tiempo los calores
cuando los bués andan gordos,    los caballos corredores,
cuando los enamorados    regalan a sus amores,
unos les regalan rosas    y otros, rositas y flores.
¡Cómo regalaré al mío,    metido en tantas prisiones
que no veo cuándo es de dia,    ni tampoco veo la noche,
sino por tres pajarcitos    que me cantan los albores:
una era la calandrra,    otra era el ruiseñor,
otra era la tortolita,    la que le entona mejor!

Referencias:

http://www.segundarepublica.com/index.php?opcion=2&id=48
http://www.lyraminima.culturaspopulares.org/actas/actas5/iglesias.pdf
http://mujeresconhuella.blogspot.com/
http://www.candidamartinez.com/bitacora/mujeres_universitarias_cien_aos_osin_pedir_permiso/
http://www.secc.es/media/docs/Dossier_baja2.pdf
http://www.esefarad.com/?p=13522
http://books.google.es/books?id=73BjtErNVQEC&pg=PA135&lpg=PA135&dq=maria+goyri&source=bl&ots=sFuwASeprS&sig=DxYViHicK0CQdby6npC9R6SX7d8&hl=es&ei=J3-tTLiXKs6z4gaKtdD3BQ&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=9&ved=0CDQQ6AEwCDgU#v=onepage&q&f=false

Historia de las matemáticas (II)

Con el fin del siglo XIX el número de mujeres doctoras aumentó más rápidamente sin que ello fuese unido necesariamente a cambios institucionales significativos en el acceso de las mujeres a las universidades. Un ejemplo de esto es la concesión del título de doctor en 1895 a tres mujeres cuyas importantes contribuciones al mundo de las matemáticas les mereció ser objeto de sendas biografías: Thyra Eibe, en la universidad de Coppenhague y Marie Gernet (1865-1924) en Heidelberg, quienes fueron respectivamente las primeras mujeres doctoras en matemáticas en Dinamarca y Alemania, y Grace Chisholm (1868-1944) en Göttingen.

Su trayectoria matemática es muy instructiva en cuanto al estatus que podían entonces tener las mujeres en la vida matemática. Grace Chisholm, que no tuvo jamás reconocimientos institucional, es conocida por haber escrito con su marido, el matemático William Henry Young (1863-1942) y presidente de la Unión Matemática Internacional en los años 30, el primer libro en lengua inglesa sobre la teoría de los conjuntos. Su pareja es el primer ejemplo significativo de una "colaboración" matemática entre marido y mujer.

Marie Gernet, sin embargo, no será conocida durante largo tiempo. Después de su tesis trabajó como profesora y no desarrolló más investigaciones.

Desde finales del siglo XIX numerosos países abrieron sus universidades a las mujeres. En el año 1894, tres mujeres acceden a estudiar matemáticas y ciencias en Göttingen: la inglesa Grace Chisholm, ya mencionada, y las americanas Mary F. Winston (1869-1942), quien obtuvo su doctorado en 1897, y Margaret E. Maltby (1860-1944), primera mujer, en 1895, en obtener un tesis en física en una universidad alemana. Estas mujeres extranjeras abrieron el paso a las mujeres alemanas que hasta 1908 no se beneficiarían de una enseñanza secundaria y superior en matemáticas y ciencia a no ser que fuese privada.

La historia de las mujeres matemáticas en los primeros años del siglo XX no incluye más que a algunas raras figuras excepcionales como Emmy Noether (1882-1935) o Hilda Geiringer (1893-1973), primera mujer en obtener una venia legendi en matemáticas aplicadas. Emmy Noether, una de las personalidades emblemáticas de principios del siglo XX, obtuvo su doctorado en matemáticas en la Universidad de Erlangen con Paul Gordan. De origen judío, era la hija mayor del matemático Max Noether. Fue la matemática más productiva y creó su propia escuela matemática en álgebra abstracta: más de quince estudiantes hicieron su tesis bajo su dirección. Fue la primera mujer en obtener el título de profesor en una universidad alemana, aunque no fuese de forma remunerada. En 1933, tras la ley nazi sobre los funcionarios de Estado, perdió su puesto y emigró a los Estados Unidos.

Emmy Noether
Emmy Noether

Gilda Geiringer se enfrentó igualmente a dificultades en su carrera por ser a la vez  mujer y judía. Defendió en 1917 en la Universidad de Viena una tesis sobre las series de Fourier de dos variables bajo la dirección de Wilhelm Wirtinger (1865-1945). Como los verdaderos matemáticos aplicados eran raros, Richard von Mises (1883-1953) la contrata como asistente en su laboratorio de matemáticas aplicadas en la Universidad de Berlín. Hilda seguirá a von Mises a Estambul y después a los Estados Unidos donde llegan en 1940. No obtuvo jamás un verdadero puesto y tras la muerte de von Mises en 1943 se dedica casi exclusivamente a la edición de sus trabajos.

En referencia al siglo XX, debemos destacar que en Estados Unidos, 229 mujeres obtuvieron un doctorado en matemáticas antes de 1940. En Alemania 113 mujeres pasaron un doctorado entre 1907 y 1944 en relación a 1224 hombres. Pero la historia del siglo XX no implica un progreso constante de la participación de las mujeres en el mundo matemático. Así por ejemplo, en Estados Unidos, no es hasta los años 70 que las mujeres vuelven a ocupar el lugar de principios de siglo en relación al número de títulos concedidos en matemáticas.

A partir de los años 80 asistimos a un cambio radical en la historia de las mujeres matemáticas, tanto por el número de mujeres que acceden a títulos de matemáticas como por el reconocimiento que llevan asociados. Además, con el desarrollo de las perspectivas feministas en la historia de la ciencia y con los "estudios de género", encontramos una reflexión más profunda sobre los factores que afectan en el siglo XX y XXI a la participación de las mujeres en la actividad matemática desde una categoría sociológica.

Desde finales del siglo XX y principios del XXI el número de mujeres que tienen un doctorado en matemáticas ha aumentado, así como el número de contribuciones importantes. Hoy, además, el número de mujeres matemáticas, que es realmente diferente en función de los países, parece continuar creciendo. Esto es en parte gracias a la acción de diversas organizaciones, como la American Association for Women in Mathematics y la European Women in Mathematics, creadas para promover los intereses y velar por el resultado de las mujeres en el mundo de las matemáticas. No obstante, las desigualdades entre hombres y mujeres siguen estando a la orden del día y, aunque la incorporación de la mujer al mundo de la ciencia es una realidad, aún no existe ni en nuestras universidades ni en las del resto del mundo un equilibrio entre el número de profesionales matemáticos mujeres y hombres.

Algunos links de interés

http://centros5.pntic.mec.es/~barriope/matematicas/web_taller_0203/mujeres/sandra/grace.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Emmy_Noether

http://en.wikipedia.org/wiki/Hilda_Geiringer

http://www.awm-math.org/

http://www.math.helsinki.fi/EWM/

Un siglo de universitarias

Con el título “Un siglo de universitarias en España (1910 – 2010)”, la Universidad de Cantabria celebró esta primavera un seminario que fue acompañado de un ciclo de conferencias en conmemoración del día internacional de la mujer y muy especialmente del papel de la mujer en la universidad española: su historia, sus logros, sus metas, etc.

El 8 de marzo de 2010 fue el centenario del derecho de la mujer en España a inscribirse en la universidad pública. ¡Hace tan sólo un siglo que nosotras, españolas y mujeres, tenemos el derecho de una educación regular superior! Y cien años no son muchos y muchas de nuestras bisabuelas o incluso abuelas llegaron a la edad adulta sin ese derecho a pasar por la universidad. Reflejo de la tardía en conseguir ese derecho en nuestro país es el escaso número de mujeres catedráticas que alcanza a día de hoy tan sólo un 13% del total.

Antes de aquel año, hubo mujeres que llegaron a las aulas universitarias españolas, disfrazadas de hombres y gracias a permisos especiales, pero sin duda, fueron la excepción que confirmó la regla. La universidad estaba vetada para nuestras antepasadas no tan lejanas.

Los obstáculos para que la mujer acudiera a la universidad antes del año 1910 eran infinitos pues entre otras cosas no estaban autorizadas pera pisar las aulas. El año 1910 significa un antes y un después si bien meramente en términos legales, el derecho por fin se reconocía a las mujeres pero otro tipo de obstáculos, sociales y económicos, no hicieron fácil la incorporación de la mujer española a la vida universitaria.

Sin embargo, esta incorporación de las mujeres a las facultades y universidades a lo largo de las primeras décadas del siglo, demostró la valía de las mismas pues en una mayoría abrumadora de los casos, el pasó de la mujer por la universidad tuvo unos resultados brillantes. Por ello que, paradójicamente, a diferencia de lo que ocurría en otros países, en España, las mujeres universitarias no encontraron demasiadas comenzar a formar parte de los foros científicos. El valer de sus trabajos, sorprendía a la mayoría de sus compañeros, profesores y mentores.

Pero durante el siglo pasado, no fue oro todo lo que relujo. Con la llegada del régimen franquista se aprobó una reforma universitaria en 1943 que si bien no prohibía la entrada de la mujer en la universidad, los cambios legislativos que incorporó afectaron de modo diferenciado a hombres y mujeres. Debemos recordar además, que las cualidades de la mujer católica, la mujer ideal del franquismo, eran en cierta medida incompatibles con la vida universitaria, científica y académica.

mujer.JPG Antes de aquel histórico 1910, solamente 36 mujeres en España habían logrado una licenciatura y como comentamos al principio, tras haber superado innumerables barreras legales y sociales. En primer lugar, habían debido contar con una autoridad especial emitida personalmente por el consejo de ministros y una vez conseguido debían acudir a clase con un acompañante. Eso en el mejor de los casos, como es bien conocido, Concepción Arenal en el año 1841 comenzó a acudir como oyente a las clases de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid a las que se vio obligada a acudir disfrazada para esconder su figura de mujer.

Hoy, la situación es bien distinta, el número de mujeres universitarias supera el número de hombres, y éstas se inscriben en todos los campos científicos si bien, en las carreras técnicas el número de mujeres siguen siendo mucho menor al de los hombres.  Pero hace un siglo la situación era bien distinta y resultaba muy controvertido que las mujeres acudieran a las clases de física, derecho o filosofía. Por ello principalmente, las mujeres abarrotaban las aulas de enfermería dónde conseguían un título de matrona o de magisterio, o de magisterio, lo que las habilitaba para trabajar como profesoras. Sin duda, respondían estas carreras a los roles que tradicionalmente se ha atribuido a las mujeres, la educación y el cuidado de los niños.

Bien es cierto que las cosas han cambiado y en la actualidad casi un millón de mujeres se matriculan al año en universidades españolas. Los porcentajes cada vez están más favor del género femenino en la universidad, pero una lucha nos ha costado y la historia habla por ella misma.

En la imagen: Concepción Arenal, la primera mujer en acudir a clases de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid

Referencias:

http://www.mujeresycia.com/?x=nota/32245/1/ciclo-un-siglo-de-universitarias-en-espana
http://www.actualidaduniversitaria.com/2010/03/se-cumple-el-primer-centenario-de-la-incorporacion-de-la-mujer-a-la-universidad-en-espana/
http://www.eldiariomontanes.es/v/20100316/cantabria/universidad-cantabria/mujer-travestia-para-entrar-20100316.html
http://www.jovenmania.com/actividades_juveniles/actualidad_noticias/ampliar.php?Id_contenido=19159
http://www.abc.es/20100308/historia-/mujeres-universitarias-201003081836.html

Otro artículo de este Blog donde se hace referencia a este aniversario: http://www.mujeryciencia.es/2010/03/08/ellas-crean-2010/