Mary Somerville: 92 años al servicio de la ciencia
Hoy me gustaría hablaros de otra mujer sensacional que utilizó su longeva vida (92 años) en luchar por sus principios y avanzar en el conocimiento de la ciencia.
Se trata de Mary Somerville (1780-1872), matemática y científica escocesa. Fue una de las mujeres de su tiempo que con más pasión se dedicó al estudio de las matemáticas y al conocimiento de los avances científicos. Ser mujer supuso una dificultad con la que convivió, sorteando obstáculos con la paciencia y la convicción de quien cree en su trabajo. Pero ni el acceso a la Universidad ni la participación en Asociaciones Científicas le estaba permitido. No se puede por tanto, desde esta perspectiva, medir sus aportaciones en la medida en la que se miden las de quienes trabajaron en plena libertad y con todos los medios en sus manos.
Aún así os quiero dar un repaso a través de su vida
En primer lugar el contexto en el que se desarrolla su vida es el marco del siglo XIX. Este siglo es uno de los períodos claves de nuestra reciente historia, dados los vertiginosos cambios sociales y políticos que en él se sucedieron.
Un cambio tan radical en el pensamiento en tan corto período de tiempo se puede explicar con la revolución de 1848, el movimiento republicano en Italia, Austria y Alemania y, sobre todo, el impacto que sobre la vida cotidiana supuso la aparición de la máquina, base de la industria: el primer tren de viajeros entre Liverpool y Manchester, la puesta en marcha de la primera línea transatlántica, el comienzo del reinado del teléfono, el telégrafo y el sello de correos.
Para que la industria fuera avanzando necesitaba el desarrollo de los conocimientos prácticos, valorándose enormemente el trabajo investigador de los científicos e inventores.
Sin embargo, como muchas veces ocurre, todo progreso lleva asociado sus costes. Este avance desenfrenado de la industria se hizo a costa de una nueva clase social: los obreros asalariados, los proletarios que reemplazaban a los artesanos del pasado. Hombres, mujeres y niños sin distinción alguna, permanecían por más de doce horas en las fábricas, en condiciones penosas y percibiendo jornales irrisorios. Las infraviviendas en las que se alojaban no les permitían llevar una vida digna y el avance material conseguido no iba acompañado de un progreso personal y moral.
Pronto, muchos de estos obreros comenzaron a organizarse de manera espontánea para exigir una mejora en sus condiciones de trabajo dando lugar a los primeros sindicatos. Los Trade Unions fueron autorizados en 1825, en Inglaterra, medio siglo antes que en el resto de Europa, en consonancia con su pionero desarrollo industrial. Entre sus reivindicaciones intentaban conseguir mejoras para las mujeres y niños, así como la reducción de la jornada laboral a diez horas diarias.
Las mujeres, por su parte, doblemente explotadas al tener que mantener el trabajo en la fábrica y las faenas domésticas, pasaron también a un plano más activo y tomaron conciencia de la necesidad de participar en las luchas sociales junto a sus compañeros.
Uno de los elementos con los que chocan frontalmente estas mujeres es la no existencia del derecho al voto. Las sufragistas, en especial las inglesas, comprenden que para estar en los espacios de decisión deben entrar en política.
Mary Somerville creció a la par que la Revolución Industrial del s. XIX, vivió el surgimiento de nuevas ideologías políticas como el socialismo y el marxismo y, a pesar de su apariencia clásica, puede ser considerada una mujer de su tiempo.Mary nació en Escocia. Pasó su infancia en el campo, en contacto con la naturaleza, lo que estimuló su carácter observador, pero sin una educación formal de manera que a los diez años apenas sabía leer y su madre le hacía practicar con la Biblia.
Al fin su padre decidió enviarla a un internado que fue para ella un auténtico suplicio, ya que su profesora le hacía aprender páginas enteras de diccionarios de memoria.
Un primer encuentro interesante en su vida sucedió cuando tenía trece años. Conoció al Dr. Somerville, que posteriormente se convertiría en su suegro, quien al percibir los deseos de Mary por aprender, le muestra las historias de las mujeres sabias de la antigüedad, y la anima a aprender latín y a leer a Virgilio.
Sus primeras experiencias de resolución de problemas consisten en solucionar los pasatiempos matemáticos de las revistas femeninas. Cuando el tutor de su hermano le daba clase, Mary se las arreglaba para estar presente y resolvía con gran rapidez las cuestiones que éste planteaba a su hermano. Viendo el enorme interés que ella tenía por las matemáticas, accedió a comprarle libros científicos, y le ayudó a leerlos y a resolver los problemas del primer libro de Euclides. Al poco tiempo se vio sobrepasado por el nivel que su alumna había alcanzado. Ella ya había leído los Elementos de Euclides y el Álgebra de Bonnycastle.
Advirtió entonces que las personas de su entorno no podían ayudarla, sabía demasiado y sus padres comienzan a inquietarse pensando que este afán de su hija por el estudio podía acarrearle problemas de salud mental. Su padre dice: "uno de estos días veremos a Mary con camisa de fuerza". Aunque intentaron disuadirla por todos los medios, supo compaginar de forma inteligente sus clases de piano y las labores del hogar con el estudio del álgebra y las lecturas de los clásicos.
A los 24 años se casa con Samuel Greig, capitán de la marina rusa, un hombre sin ningún conocimiento científico al que no le gustaban las mujeres sabias. Sin embargo, Mary, aprovecha la libertad que le supone este matrimonio para continuar sus estudios matemáticos. Tres años después, muere su marido y ella se encuentra viuda, con dos hijos, viviendo en Londres y con una independencia económica que sabe aprovechar para conducir su vida hacia su verdadera pasión: las matemáticas. Su primer éxito fue ganar una medalla de plata por la solución de un problema sobre las ecuaciones diofánticas en el Mathematical Repository de W. Wallace.
Su primo William Somerville se convierte en su segundo marido. Es médico y comparte su interés por la ciencia. Su matrimonio puede considerarse duradero y feliz. William era un hombre inteligente, pero de poca ambición personal y el hecho de que no fuera matemático es valorado por Charles Lyell como un hecho positivo afirmando que: "Si nuestra amiga la señora Somerville se hubiera casado con Laplace, o con un matemático, nunca habríamos oído hablar de su trabajo. Lo habría fundido con el de su marido, presentándolo como si fuera de él".
En Londres, Mary encuentra un interesante ambiente científico. Se interesa por los trabajos de Babbage y su Máquina Analítica. Conoce a Ada Lovelace y le anima a estudiar matemáticas siendo su mentora.
Sus amigos le envían libros y trabajos científicos, la invitan a conferencias y acuden a la casa de los Somerville para compartir sus experimentos.
Lord Henry Brougham, presidente de la Cámara de los Lores, gran admirador de Mary, escribe a su marido instándole a que convenza a su mujer para que traduzca la Mecánica Celeste de Laplace. Ella accede, no sin muchas vacilaciones, rogando que si su manuscrito no se considera aceptable sea destruido. Este trabajo le supone cuatro años durante los cuales demuestra una organización admirable al compaginar su vida familiar y social con su trabajo científico. En sus escritos afirma: "Un hombre siempre puede tener el control de su tiempo alegando que tiene negocios, a una mujer no se le permite tal excusa".
La obra de Laplace es larga y compleja. John Playfair llega a afirmar entonces que apenas hay una docena de matemáticos capaces de siquiera leerla. En una visita que Laplace efectuó a los Somerville, éste comentó que sólo dos mujeres habían sido capaces de leer la Mecánica Celeste, ambas escocesas, la señora Greig y Mary Somerville, quedando sorprendido al comprobar que se trataba de la misma persona.
Su traducción de Laplace resultó algo más que un trabajo mecánico ya que añadió comentarios simples y claros que permitían una mejor comprensión de la obra, incorporando así mismo opiniones independientes que interesaron a personas expertas.
Por su interés demostrado en astronomía, fue nombrada junto con Carolina Herschel miembro honorario de la Real Sociedad de Astronomía siendo las primeras mujeres que obtuvieron tal honor. Sin embargo, Mary no asume el derecho a visitar dicha sociedad si no recibe una invitación especial para ello.
Obtiene, además, muchas otras distinciones, de la Real Academia de Dublín, de la British Philosophical Institution y la Societé de Physique et d´Histoire Naturelle de Ginebre. La reina Victoria le concedió una pensión anual de 200 libras esterlinas, aumentada dos años más tarde a 300 libras.
Era por tanto una persona de alto prestigio en la comunidad científica, totalmente reconocida en diferentes países y se sentía feliz por poder disfrutar de una independencia económica que le permitía seguir estudiando.
Sufre una fuerte depresión tras la muerte sucesiva de su marido y uno de sus hijos. Sus hijas la animaron a que iniciara un nuevo proyecto. Vive entonces en Nápoles y con 85 años comienza a escribir su cuarto libro On Molecular and Mycroscopic Science y revisa su libro On the theory of differences. A los 89 años escribe su autobiografía y sigue estudiando matemáticas aun con 92 años. Cuando le sorprende la muerte estaba investigando
Os voy a dejar uno de sus últimos escritos que me parece, al menos, sorprendente:
Tengo 92 años…, mi memoria para los acontecimientos ordinarios es débil pero no para las matemáticas o las experiencias científicas. Soy todavía capaz de leer libros de álgebra superior durante cuatro o cinco horas por la mañana, e incluso de resolver problemas.
Quienes tuvieron la suerte de conocerla no dudaron en llamarla "la reina de las ciencias del siglo XIX".
Este post es un pequeño reconocimiento a tan gran mujer y esos 92 años de lucha y aprendizaje por la ciencia.
Fuentes y enlaces de interés
http://thales.cica.es/rd/Recursos/rd97/Biografias/55_56-1-b-CONTEXTOH.html
http://mujeresquehacenlahistoria.blogspot.com/2009/04/siglo-xviii-mary-somerville.html
http://womenshistory.about.com/library/bio/blbio_mary_somerville.htm
http://ciencia.astroseti.org/matematicas/articulo.php?num=3495
Desde aquellos primeros pasos hasta nuestros días han pasado miles de años, con continuos cambios en el papel de la mujer en los engranajes sociales existentes en cada momento.
Actualmente, sobre todo en occidente, el reconocimiento y prestigio de la mujer se está restituyendo con un vigor y a una velocidad desconocidos. El futuro es la igualdad, no entendido por paridad entre hombres y mujeres, sino que todos y todas compartan los mismos derechos legales y sociales plenamente reconocidos; que nuestros méritos, sin ninguna clase de discriminación, nos permitan aspirar a los mismos puestos, y que las capacidades de cada cual sean lo determinante para ser la persona elegida para desempeñar un trabajo.
En octubre de 1925 nace en Inglaterra una de las mujeres más importantes de la historia reciente de la humanidad: Margaret Hilda Roberts, conocida popularmente por su nombre de casada, Margaret Thatcher. Recibirá una educación cristiana que perdurará durante toda su vida y enfocará su carrera universitaria hacia el mundo de la química. Con 19 años ingresa en la Universidad de Oxford. Aquí destacará con logros tan importantes como convertirse en la tercera presidenta de la Asociación Conservadora de la Universidad de Oxford. Durante su estancia en esta universidad trabajó como investigadora química para la British Xylonite en primer lugar, y más tarde para la J. Lyons & Co., donde desarrollará métodos para la conservación de helados. En ese mismo periodo se convierte en miembro de la Asociación de Trabajadores Científicos.
Mantuvo una estrecha colaboración con el que se denominó como su alma gemela, Ronald Reagan. Juntos llevaron a cabo proyectos de gran importancia para el modelo occidental de crecimiento económico capitalista actual.




