Entrevista a María José Rodríguez. Una científica labrando su propio camino

María José Rodríguez Gómez no es una mujer corriente: trabaja como científica para el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), participa en asociaciones culturales, escribe cuentos infantiles, dirige cortos, tiene dos perros y actualmente está esperando su primer hijo. Lo que se dice polifacética, vamos.

¿Qué es el Centro Nacional de Biotecnología?

Es un centro calificado de excelencia por un comité internacional. Pertenece al CSIC. Es un centro conocido por su investigación puntera. Por eso es muy importante publicar si estás allí.

¿Qué pasos has tenido que seguir para llegar hasta el CNB?

Empecé a estudiar Biología, y antes de terminar la carrera, hablé con uno de los investigadores (Víctor de Lorenzo, del Dpto. de biotecnología microbiana. Trabajando con pseudomonas pútida en relación a la degradación de tolueno) y me admitió en su laboratorio. En los últimos años de carrera trabajé con él, y saqué un artículo. Eso me dio experiencia para mejorar mis notas, que eran bastante buenas, pero no brillantes (2,2 de media, que subió a 2,7). Ese expediente y la experiencia me permitieron encontrar finalmente una beca de formador de personal investigador (FPI) en el laboratotio de Carmen Castresana (Dpto. de genética molecular de plantas, trabajando en enzimas relacionadas con la defensa y el desarrollo vegetal). Salió otro paper con Victor mientras estaba ya con Carmen (con ésta publiqué cuatro). Al acabarse la beca, trabajé una temporada en una academia dando clases de ciencias a chavales de 2º de bachillerato para preparar la Selectividad. Después me hicieron un contrato en el laboratorio de José Carrascosa, en el Dpto. de estructura de macromoléculas, en el que he seguido progresando en mi carrera científica hasta llegar al contrato de Titulado Superior de Investigación y Laboratorio. El contrato está vinculado a un Consolider. Los dos contratos que he tenido con Pepe han sido de Consolider. De momento tengo tres publicaciones y varias en preparación.

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 María José Rodríguez Gómez

¿Cambiarías algo de tu trayectoria académica o laboral?

Dado que me ha ido tan bien en general, no cambiaría nada. Quizá, aunque mi expediente era alto, he descubierto con el paso de los años que conseguir becas es muy complicado, y si pudiera volver atrás habría intentado mejorar mis notas aún más.

¿Crees que se tendrían que realizar más inversión en investigación para poder llegar más a la gente?

Por supuesto. La investigación es un pilar en el desarrollo de una sociedad. En primer lugar garantiza el bienestar de los ciudadanos en diversos campos, aumenta nuestro conocimiento sobre nosotros mismos y el mundo en el que interaccionamos, y además la ciencia podría abastecerse de fondos así misma (al menos en parte), como ocurre en otros países, si existiera más interrelación entre la empresa y la ciencia. Pero por supuesto, las empresas y los gobiernos tienen que entender que la investigación no es algo que de beneficios a corto ni medio plazo.  Y es la investigación básica la menos atractiva para las empresas, pero la más importante, porque aunque suele tener las menores expectativas de beneficios, en realidad cuantitativamente es la que da mas saltos en cuanto a progresos, como pasó con las enzimas de restricción, que fueron uno de los pilares para el desarrollo de la ingeniería genética.

¿Qué destacarías de tu profesión?

En el sentido positivo, es una profesión en la que no te aburres, supone un reto intelectual y una satisfacción cuando tus teorías se ven refrendadas por tus experimentos y descubres algo nuevo. Y especialmente en mi caso, que trabajo en microscópica electrónica, es muy satisfactorio poder “ver” literalmente lo que estoy estudiando. De alguna manera estás contribuyendo a mejorar el mundo. No sabes muy bien en qué manera estás contribuyendo, porque hay mucha gente que aporta, y de ese modo, poco a poco y entre todos, construimos un mundo mejor.

En el sentido negativo, es una profesión que exige mucho, que no tiene un horario definido, porque por mucho que lo ponga en tu contrato, los experimentos no los puedes enmarcar de nueve a cinco. Y además en este país no existe una carrera investigadora y es muy difícil progresar. Con lo cual nos encontramos en una situación en la que a veces se invierte mucho dinero en la formación de los investigadores hasta llegar a tener profesionales muy buenos, con mucha calidad, que luego se pierde porque esos investigadores se encuentran en un callejón sin salida, en el que deben dejar su profesión, dedicarse otra cosa o quedarse estancados sin posibilidad de continuar su investigación.

¿Crees que existen diferencias entre hombres y mujeres en tu profesión?

No, aquí no creo que exista ese problema. Está bastante igualado en cuanto a hombres y mujeres, y yo no he visto diferencias.

¿Te ha sido fácil compaginar vida familiar y laboral?

Depende del laboratorio. En esta profesión hay gente con la que es muy difícil tratar. Y la situación de precariedad de los becarios fomenta el hecho de que algunos investigadores piensen que pueden controlar a su gusto la vida del susodicho. En mi caso, actualmente compagino sin ningún problema mi vida familiar y laboral. Soy completamente autónoma a la hora de distribuir los experimentos con sus necesidades y urgencias a lo largo del horario de trabajo, y mantener una vida familiar y de ocio muy activa. Es verdad que de vez en cuando hay que ir los fines de semana o quedarse hasta más tarde, pero cuando estás trabajando en un laboratorio en el que permiten que evoluciones como científica, valorando tus opiniones y no tratándote como un técnico, eso se hace con gusto porque sientes la investigación como algo realmente tuyo, en el que aportas tus propias ideas.

Alguien a quien admiras en el mundo de tu profesión

José Carrascosa. Por varias razones: en primer lugar, en su laboratorio se puede evolucionar como científico y se aprende muchísimo. No sólo a nivel profesional, si no también  a nivel humano. Pepe tiene una forma de trabajar que fomenta la colaboración entre grupos de forma que se benefician de los conocimientos que posee cada uno. Además ha apoyado a mucha gente que ha terminado consiguiendo ser jefe de grupo, y esto ha generado un nivel de confianza y de diversidad tales que la red de colaboraciones con las que cuenta es muy amplia, y se enriquece continuamente por el feedback de conocimientos. Yo creo que esta es la mejor forma de hacer ciencia, porque todos estamos en el proceso de poner un ladrillo detrás de otro. Y está claro que no puedes construir la casa tú solo. Se necesita el conocimiento global de todos. La ciencia no es una profesión en la que se deban mantener secretos, porque es patrimonio de la humanidad.  En segundo lugar, porque es una persona muy inteligente y con mucha iniciativa para afrontar retos nuevos. Por último, fue el principal impulsor de la construcción de CNB. Y sigue tratando de impulsar a un nivel gubernamental la ciencia en España. Y todo esto lo hace conciliando su propia vida familiar y respetando la vida familiar de los demás.

Un consejo a un joven que sueña con dedicarse a la ciencia

Si realmente se quiere dedicar a la ciencia, y quiere trabajar en un laboratorio, tiene que tener que claro que desde el primer día en la universidad, la mínima nota que puede sacar en una asignatura es un notable, y la mayoría deben ser sobresalientes, porque cada vez hay menos becas y se dan a los alumnos con mejor expediente. Además, que no debe idealizar el trabajo científico. No es fácil, no hay personas fáciles, y no existe una carrera científica en España, con lo cual puedes empezar tu carrera siguiendo los cauces normales (becario predoctoral, contrato post doctoral, contrato en el extranjero), conseguir un nivel científico muy alto, y verte bloqueado porque no exista un laboratorio para ti o te quedes estancado en el laboratorio de otro. Eso sí, el trabajo es muy bonito y estás contribuyendo al bienestar social. En definitiva, es un trabajo muy vocacional.

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Anne Lauvergeon

Desde enresa, nos facilitan la siguiente noticia:

Anne Lauvergeon (Dijon, 1959) es la mujer de negocios más importante de Europa. Acaba de desbancar del primer puesto en la clasificación anual elaborada por el diario ‘Financial Times’ a la presidenta de Banesto, Ana Patricia Botín. Hace dos años ya había sido elegida la mujer más poderosa del mundo, fuera de Estados Unidos, por la revista americana ‘Fortune’. Su principal mérito es dirigir Areva, número uno mundial de la industria nuclear civil, un grupo con 70.000 empleados y 11.000 millones de euros de facturación en más de 40 países.

Hija de un profesor universitario y de una asistente social, la joven ingeniera de minas y licenciada en física entra en 1989 como simple encargada de misión en el palacio del Elíseo. Durante cuatro años, involucrada en el mundo diplomático de las cumbres internacionales, atesora una extraordinaria agenda personal con los nombres más influyentes del planeta.

Presidenta de AREVA

En 1999, asume la dirección de la Cogema, empresa responsable de la producción y enriquecimiento de uranio.
Dos años más tarde se gana el apodo de ‘Atomic Anne’, como la llama la prensa anglosajona, al lograr la fusión con el constructor de reactores nucleares Framatome y dar pie al único grupo industrial del mundo presente en toda la cadena del átomo, desde la minería hasta el reproceso. En este breve período hace de Areva la empresa francesa con mejor imagen, por delante de L’Oréal y Air France. Reelegida en 2006 para otro mandato de cinco años, pronto comprende que el final anunciado del petróleo y las profecías apocalípticas del cambio climático van a cambiar los postulados energéticos en favor del átomo. En la actualidad es la mejor abanderada de los intereses de un país que cuenta con 59 reactores nucleares que proporcionan el 77,7% de su consumo en energía eléctrica.
Sin embargo, la única mujer al frente de una multinacional francesa es la peor remunerada de su categoría: gana 500.000 euros al año y no disfruta de opciones sobre acciones ya que aún no ha conseguido que su empresa cotice en Bolsa. «No tengo que disculparme por mi salario pues cobro mucho menos que los directores generales masculinos (entre dos y tres millones)», bromeó en un reciente foro internacional. «El hecho de ser mujer explica seguramente, en parte, esa diferencia. A las mujeres les cuesta hablar de dinero y reclamarlo», dijo.

Fuente: El Correo Digital, sección Economía
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