Hildegarda von Bingen (y 2)

“La enfermedad será para Hildegarda, no un proceso, sino un modo deficiens, un error, un defecto, una merma existencial y un déficit ontológico”
H. Schipperges (1981)
Los conceptos médicos de Hildegarda
img035.jpg

En la obra médica de Hildegarda von Bingen tenemos la más original y sugestiva imagen de la idea que en la Alta Edad Media se tenía de la relación del hombre con Dios y el cosmos que le rodea.
Hildegarda plantea, pues, una visión de lo que ella entiende por fisiología, patología y terapéutica :

  • fisiología: sería el estado primero del hombre en su estado puro.
  • patología: el hombre en su estado anómalo, fruto de su pecado que le ha convertido en un ser frágil, débil y enfermo y ha quedado a merced de la muerte.
  • terapéutica -la curación vendrá de la reconciliación del hombre con Dios. Pero con un gran sentido práctico—ora et labora–, Hildegarda sumará al perdón del pecado la acción terapéutica de una serie de sustancias curativas

Los conceptos médicos de Hildegarda, como es lógico, se adaptan a la teoría tradicional de los humores que sostiene que el organismo está compuesto por los cuatro humores clásicos -sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra- y las enfermedades son consecuencia de un desequilibrio de estos humores.
Consecuente con ello escribe:
"el hombre contrae a veces grandes enfermedades a causa de la ira, porque cuando se agitan los humores de la bilis amarilla y la bilis negra, sus efectos opuestos le hacen enfermar"

Obra escrita

Las obras sobre la naturaleza, la enfermedad y la terapéutica están redactadas de acuerdo con las costumbres medievales..
Su extensa obra escrita la enmarca en dos títulos que han sufrido notables cambios a lo largo de las numerosas versiones realizadas desde su muerte:

  • Teoría sobre la naturaleza, más conocida como Physica
  • Terapéutica, una transcripción abrevida de Causae et Curae

Physica

De los libros que componen la primera de sus obras, destacan muy especialmente:
Liber simplicis medicinae y Liber compositae medicinae
En el primero de ellos que es, tanto una obra sobre la naturaleza como un recetario médico, expone Hildegarda el estudio de las sustancias curativas simples: plantas, sustancias animales y minerales.
El segundo de ellos -el Liber compositae medicinae- lo dedica a la descripción de las enfermedades, su etiología, síntomas y el modo de tratarlas a través de sustancias curativas compuestas.
Revisa Hildegarda los conceptos médicos de su siglo utilizando para ello un lenguaje pleno de naturalidad que llama poderosamente la atención, si consideramos la época en la que lo escribe.
Para poner un ejemplo valga estos dos fragmentos en el que Hildegarda sitúa las facultades y funciones del hombre de acuerdo a este esquema:
En el cerebro reside la sabiduría; en la frente la vergüenza, sobre las cejas el orgullo, en las sienes el sueño, en el corazón la voluntad, en el hígado los deseos, en el estómago el valor, en el bazo la risa, en la bilis la ira, bajo los riñones la libido, en las caderas el cosquilleo erótico, y en los genitales la potencia”.
Y ampliando este último aspecto añade:
En su potencia generativa el varón posee tres capacidades: el deseo seaxul (concupiscencia), la potencia sexual (fortitudo) y el acto sexual (studium)”.
Por si no ha quedado suficientemente claro, Hildegarda explica:

 "Primero la libido enciende la potencia, de manera que el acto sexual de la pareja se produce por un íntimo deseo mutuo".

La asombrosa “claridad” de su lenguaje alarma a las autoridades religiosas de su época y sólo gracias al apoyo decidido de Bernard de Clairvaux, logrará Hildegarda que el Papa Eugenio III le autorice a publicar su obra médica.

Fisiología de la reproducción

Hildegarda describe como es engendrado el hombre, el desarrollo del embrión, las fases del crecimiento y lógicamente el proceso del parto normal o patológico.
A través de los consejos que nuestra autora da a las mujeres de su tiempo—no en vano abandona con frecuencia la celda para dialogar y aprender de las sencillas gentes de las aldeas que rodean el monasterio—podemos imaginarnos la asistencia al parto cuando éste presentaba alguna dificultad:
Si una mujer embarazada tiene muchas dificultades en el parto, hay que hervir cuidadosamente hierbas suaves, esto es, hinojo e hiedra terrestre, y después de exprimir el agua, hay que aplicarlas en caliente sobre los muslos y la espalda y a continuación cubrirlas suavemente con un paño para aliviar el dolor y para que las vías del parto que están cerradas se abran suave y fácilmente.
Porque los humores malos y fríos que hay en la mujer se contraen a veces durante el parto y cierran estas vías. Pero si se estimulan por el suave calor del hinojo y el benigno calor de la hiedra terrestre por el poder conjunto del agua y del fuego, y se aplican sobre los muslos y espalda, estimulan a estos miembros a abrirse

Terapéutica

En el libro Causas y curación de las enfermedades (Causae et Curae) o Terapéutica, no se limita Hildegarda a describir las causas o síntomas de cada una de éstas sino que ofrece una colección de recetas, muchas de ellas extraídas de la medicina popular, a las que va sumando las que cultiva en el “huerto medicinal”—tan populares en la Edad Media- de su monasterio.
Algunas, como en este caso, son solamente lenitivas:
Para la peste con bubones negros, que acaba con una muerte dolorosa, hay que administrar únicamente hojas y raíces de la hierba de Aarón para conseguir que el enfermo tenga un final tranquilo
Una enfermedad que preocupa muy especialmente a nuestra brillante abadesa es la gota. Un proceso que para Hildegarda tiene carácter de epidemia y que describe con esta acertada brevedad:
Las personas que tienen la carne blanda y con muchos poros y tienden a comer y beber vino con exceso, son atacadas por la epidemia de gota o gutta

Hildegarda y la enfermedad melancólica

Pero también las enfermedades psíquicas (del espíritu), entre ellas la melancolía, forman parte de las inquietudes de Hildegarda. Sus estudios sobre esta enfermedad suponen -como aseguran Fernando Pagés y María Rebok- una de las concepciones más originales de la melancolía en la Edad Media.
De éste trastorno psíquico que nuestra autora relaciona con el pecado original dice lo siguiente en las páginas de Causae et Curae:
En el momento en el que Adán desobedeció el mandato divino, en ese mismo instante, la melancolía se coaguló en su sangre(…)Hay otros hombres que son tristes, tímidos, así como vagos en sus mentes(…) y esta melancolía es negra y amarga, y exhala todo mal, y a veces hace ebullir como por las venas la enfermedad hacia el cerebro y el corazón, y muestra la tristeza y la duda de toda consolación, de manera que el hombre no puede tener ninguna alegría..
Para la citada melancolía también Hildegarda encuentra remedios en la naturaleza:
“El jugo de malva disuelve la melancolía y el jugo de salia la reseca, el aceite de oliva calma la fatiga de la cabeza dolorida, mientras que el vinagre quita a la melancoía su fuerza”
Otros remedios, no precisamente extraídos del huerto medicinal serían para Hildegarda:
Aún hay otros remedios como la carne de las aves y el pulmón del cisne…

Epílogo

Es ciertamente difícil realizar la glosa de una mujer tan extraordinaria como Hildegarda von Bingen en tan breve espacio. Por ello animo a los interesados en la figura de esta excepcional mujer a profundizar en el estudio de la obra médica de Hildegarda von Bingen,.
Una mujer que fiel a su regla benedictina, ora et labora, supo, como en una fórmula magistral, mezclar a partes iguales:
las oraciones del claustro, unos saberes médicos adelantados a su tiempo y la acción curativa de las plantas de su huerto medicinal.

Bibliografía básica.

  • Victoria Cirlot ( Editora) Vida y visiones de Hildegard von Bingen.. Ed. Siruela. Madrid.2001
  • Manfred Pawlik (Recopilación) El arte de sanar de Santa Hildegarda.. Ed- Tikal. Madrid
  • Peter Köhler.( Recopilación) El huerto medicinal. Ed. Tikal. Madrid.