Concepción Campa y la vacuna contra la meningitis

Concepción CampaCientífica cubana nacida en la localidad de Sagua La Grande en el año 1951. Su formación académica e investigadora se ha realizado íntegramente en la isla caribeña. Estudió Ciencias Farmacéuticas en la Universidad de La Habana. Desde el año 1989 es directora del Instituto Finaly (Centro de Investigación y Producción de Vacunas y Sueros). También es Investigadora Jefa del Grupo de Desarrollo de la Vacuna contra la Meningitis B y C, doctora Honoris Causa por la Universidad de La Habana, e investigadora titular del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba. Lideró la investigación que permitió desarrollar la única vacuna con eficacia probada que existe en el mundo para combatir la meningitis B y C, que se lleva aplicando desde 1988 en muchos países del mundo, con gran efectividad.

Su importancia es crucial en la erradicación de esta enfermedad. La inversión de los laboratorios en investigación, generalmente estriba en el retorno económico que la venta del fármaco les puede suponer. Pero, ¿quién investiga las enfermedades que azotan a los países del tercer mundo o en vías de desarrollo, cuyos ciudadanos no pueden costear los precios que marcan las grandes industrias? La respuesta dada por Cuba fue una investigación financiada principalmente con dinero público, en sus propias universidades, y con auténticos especialistas en la materia liderándola. Mientras que en occidente se ha desarrollado una vacuna contra la enfermedad que sólo sirve para turistas, puesto que tiene efecto durante muy poco tiempo, con la vacuna desarrollada por Concepción Campa, la incidencia de la enfermedad ha disminuido hasta 30 veces en los países donde se ha aplicado, siendo dispensadas más de 55 millones de dosis en el mundo. Esto da una muestra del gran valor social de la apuesta realizada por un país, que precisamente no es reconocido internacionalmente por su riqueza económica; más bien podríamos decir que parece milagroso que un país en vías de desarrollo haya podido realizar tan ambicioso proyecto de salud, del cual se ha beneficiado toda la Humanidad.

Debido al descubrimiento de la vacuna, Concepción Campa, fue galardonada con la medalla de Oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). La OMPI es una organización internacional dedicada a garantizar la protección de los derechos de los creadores y propietarios, a fin de asegurar que se reconoce y se recompensa a los inventores y autores por su inventiva. Este galardón avala la positiva repercusión que supone este descubrimiento para el mundo. Pero la OMPI también es negocio, ya que garantiza la propiedad del descubrimiento. Ahora bien, estando la patente en manos sensibles a la pobreza, hace que la salud se universalice, independientemente de los escasos recursos económicos que muchas zonas del mundo padecen.

Vacuna contra el meningococoEn mayo de 2003, la Fundación Cultural y Científica Iberoamericana, con sede en Madrid, otorgó a Concepción Campa, el Premio Iberoamericano José Martí por sus méritos como investigadora de prestigio mundial y en especial por el desarrollo de la vacuna contra la meningitis.

Campa es firme defensora de la creación de centros de atención como los que existen en Cuba, para fomentar la vacunación, especialmente en países africanos, donde los brotes de meningitis son devastadores.

En la actualidad, Concepción Campa está liderando la creación de una vacuna contra el cólera, el dengue y la hepatitis, aunque su investigación principal se orienta hacia el cólera, toda vez que es una enfermedad de países pobres que no interesa a las grandes compañías farmacéuticas, porque no es lucrativa.

El reconocimiento de sus colegas ha traspasado fronteras y llamado la atención de los gigantes farmacéuticos occidentales, que se han fijado en su trabajo. Tal es el caso de la farmacéutica GlaxoSmithKline, con quien firmó un acuerdo en 1999 para entrar en Europa y luego en EEUU, donde también hay varios proyectos sobre enfermedades que afectan a ambos bloques. La industria farmacéutica de Europa y EEUU es la más potente del mundo, siendo los mayores productores mundiales de productos farmacéuticos. Este dato representa la gran importancia del descubrimiento realizado por Concepción Campa, avalado por  Instituto Finaly, y por el sistema cubano de educación y formación para los profesionales de la Salud.

Links de interés

Información biográfica y logros:

http://resultados.redciencia.cu/cientificos/cientificos.php?id=118

Entrevista realizada por El País a Concepción Campa:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Campa/_Concepcion/nos/probamos/nadie/vacunas/elpepisoc/20030521elpepisoc_2/Tes/

Otras referencias:

http://edicionesanteriores.trabajadores.cu/2005/diciembre/01/cuba/vacuna.htm

http://www.radiosurco.icrt.cu/Ciencia.php?id=2882

Imagen por Jorge Luis González

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Cuatro nobles y caritativas matronas

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Desde los años que siguen a la muerte de Cristo, la Iglesia primitiva se fijará, como prioridad, remediar la pobreza y enfermedad que entonces, como durante muchos siglos después, irán permanentemente unidas.
Cuidar a los enfermos se convertirá en la misión más trascendente de todo cristiano, mejor dicho, de toda cristiana. Diaconisas, viudas, vírgenes, etc., componen parte del grupo de caritativas mujeres que dedicarán su tiempo a mitigar sufrimiento y hambre.
A esta relación muy pronto se unirá un nuevo grupo, tan escaso -apenas se conocen quince- como poderoso: las matronas romanas.
Una auténtica elite de la sociedad cristiana que resultará trascendental para la consolidación de una institución -el hospital de pobres- que ha comenzado tímidamente a surgir, gracias al esfuerzo de otra notable mujer, Elena, madre del emperador Constantino.
Gracias a los escritos de San Jerónimo, conocemos los nombres de las cuatro más importantes matronas que vivieron en la Roma de los siglos IV y V: Marcela, Fabiola, Paula y su hija Eustaquia.
Marcela va a ser, sin duda alguna, la maestra de este grupo de notables matronas. Junto a ella, Paula, Eustaquia y Fabiola aprenderán los secretos de la enfermería, las habilidades en los vendajes, la elaboración y el buen uso de hierbas y ungüentos.
Paula va a alternar la caritativa enfermería con el cultivo del griego y el hebreo. Considerada una de las mujeres más culta de su siglo, ayudará a San Jerónimo a realizar la versión latina de las Sagradas Escrituras, conocida como Vulgata.
Años más tarde, Paula junto a su hija Eustaquia, se traslada a Palestina fundando en Belén un hospital en el que se presta asistencia a los enfermos y a los peregrinos que llegan a Tierra Santa.
Aunque todas ellas tuvieron en San Jerónimo el más entusiasta de los biógrafos, será Fabiola, quien de entre ellas, llegue a nuestros días gozando de más altas cotas de popularidad.
Ello gracias a una novela -llevada más tarde al cine- Fabiola o la Iglesia de las catacumbas, lectura obligada de muchas generaciones de jóvenes. Una obra cuyo autor, el cardenal Nicholas Patrich Wisseman (1802-1865), nacido en Sevilla -todavía es posible ver la placa conmemorativa en la fachada de la casa en la que vivió, muy próxima a la catedral sevillana- y que llegaría a alcanzar la alta dignidad de arzobispo de Westminster.
Fabiola que pertenecía a la famosa familia de los Fabios, a los que Plutarco hace descender de un hijo de Hércules, tuvo la desgracia de casarse con "un hombre licencioso", del que acabó divorciándose.
Desde aquel día Fabiola se dedicó a ejercer la caridad, dirigida por San Jerónimo, y rodeada de sus amigas Marcela, Paula y Eustaquia.
Le cabe el honor a Fabiola de haber fundado en Roma, el año 390, el primer Hospital o nosocomium, creado en Occidente para enfermos pobres.
La creación de estos hospitales como institución caritativa para el cuidado de los enfermos pobres es -como asegura Sigerist—una notable aportación del cristianismo de los siglos IV y V.
El año 395 viaja a Jerusalén, para visitar las instituciones para cuidado de los enfermos que habían creado Eustaquia y Paula.
De regreso a Roma crea un nuevo hospital para pobres y peregrinos en Ostia, en el cual se cuenta que servía ella misma a los enfermos, y donde, en el año 399, muere Fabiola.
San Jerónimo, su maestro y amigo, escribe este panegírico:

comllas.gif Fabiola buscaba a los enfermos y hambrientos por las calles y los caminos de Roma(…) ¡ cuán a menudo la he visto llevando en sus brazos a estas víctimas lastimeras, sucias y repulsivas, con enfermedades espantosas!.
¡Cuántas veces la he visto lavando heridas cuyo olor fétido impedía alas demás personas ni siquiera acercarse!. Ella daba de comer a los enfermos con sus propias manos y reanimaba a los moribundos con pequeñas cantidades de alimento

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